¿Se puede decidir cómo morir?

Cualquiera con un poco de sentido común dirá que no, la muerte llega cuando menos te lo esperas y punto.

En las últimas semanas el caso de Noelia, la chica que decidió quitarse la vida y a la que el sistema se lo facilitó, ha estado en boca de todos y no ha pasado desapercibido para nadie.

No quiero entrar en polémica con esto, aunque estoy dispuesta, pero me da rabia que el mal haga siempre tanto ruido y que el bien pase desapercibido.

¿Se puede decidir cómo morir? Mi respuesta es sí.

El 20 de marzo nuestra comunidad acompañó a morir a nuestra hermana Encarna. Ha sido la experiencia más bonita que hemos vivido en mucho tiempo. ¿Sabéis por qué? Porque Encarna decidió cómo morir, pero no lo decidió en el momento sino cada día de su vida, cada día que eligió decirle sí al Señor, cada día que se entregó por el Reino, cada día que desde su oración sostuvo el sufrimiento de tantos, cada sonrisa, cada palabra, cada Eucaristía, cada no entender y seguir como si entendiera. Encarna murió rodeada de todas nosotras, mientras le cantábamos, rezábamos y le decíamos cuánto la querremos… Murió como vivió, tranquila y con sus hermanas, porque ante todo fue una mujer que luchó siempre por la comunión y para que Cristo fuera nuestro centro.

Que no nos engañen, morir como murió Noelia no es un derecho es una aberración, ya que todos tenemos derecho a una muerte digna y el único que puede darle la dignidad a la persona es Dios.

Abramos los ojos y dejemos que Dios sea Dios.

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