Mejor amar que «hodiar»

Nos recuerda el evangelio de este viernes cuál es el mandamiento principal: «El primero es (…) amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos» (cf. Mc 12, 29-30).

La Sagrada Escritura nos habla hoy de amor cuando estos días se distrae nuestra atención con el tema del Hodio. Y no, no es una falta de ortografía, sino la nueva idea del Gobierno de España. La herramienta desarrollada por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones para analizar en redes sociales la Huella del Odio y la Polarización (HODIO), y sí, las siglas no se corresponden…

La Real Academia de la Lengua Española (RAE) nos da una definición clara y sencilla de lo que es el odio: «Antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea». Desearle el mal a otra persona es algo que de veras me cuesta comprender pero que, por desgracia, veo en tantas circunstancias y tan a menudo. Esta iniciativa, que tan solo pretende controlar la libertad de expresión de la población en general, quizá debería ensayarse primero en los discursos en el Congreso de los Diputados o en el Senado.

Pedro Sánchez aseguraba hace unos días que con Hodio pretende «que hablemos más de amor y menos de odio». Nos gusta esa idea: «El amor es paciente, es benigno; el amor no tiene envidia, no presume, no se engríe; no es indecoroso ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (1 Co 13, 4-7). El que tenga oídos, que oiga.

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