Palabras moribundas (II): presbítero, presbíteros

A propósito de la beatificación de Salvador Valera Parra quiero rescatar otra palabra muy en desuso: presbíteros. Se «empeñaron» los padres del Vaticano II que siempre se utilizara, además, en plural. Hoy ha decaído también en singular. Por tanto, lo recomendado sería referirse a ellos (a nosotros) como presbyteri o presbíteros en español. Casi nunca la utilizaron en singular y la prefirieron siempre a la palabra sacerdote. Quizá ya muy pocos recuerdan esto.

La búsqueda del término presbítero en el Concilio da el siguiente resultado: 6 veces en plural en Lumen Gentium y ninguna en singular. En las otras 3 constituciones no aparece. En el Decreto Presbyterorum Ordinis solamente aparece en singular 4 veces (números 5 y 11 y en la nota 31) y en plural 142 veces. Y hoy casi nadie utiliza el término plural, ni tampoco el singular.

En las palabras –también en teología– subyace una cosmovisión, un sistema de pensamiento, una escuela o una espiritualidad, o incluso alguna intención explícita. No hay palabras neutras. La elección de los padres conciliares podría haber resultado en vano. ¿Se puede ser presbítero sin formar parte o sin pertenecer a un presbiterio y sin formar parte de la íntima fraternidad sacramental que nos convierte en próvidos cooperadores del obispo? O aquellas palabras son lirismo o hay que replantear muchas cosas. Demasiado individualismo. Y es que cualquier forma de hablar delata siempre mucho. No lo olvidemos.

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