¿Cómo dirías tú que es?

Los colores y nubes del cielo de esta mañana me recordaban a la gran ola que separaba Narnia del reino de Aslan. ¿Cómo será aquel reino? Se preguntaban los Pevensie y el valiente Reepicheep. Y mirando hacia arriba, el Rezando Voy de hoy me invitaba a preguntarme cómo es el reino de Dios, con qué parábola actual podría yo explicarlo. Sonreía entonces al averiguar sobre lo que tendrían que versar estas palabras.

«El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra…», así nos dice Marcos hoy que Jesús utilizaba las parábolas para explicar todo a sus discípulos «acomodándose a su entender» (cf. Mc 4, 26-34). Me enternece especialmente esa manera que tiene Dios de «acomodarse» a nosotros; no estamos para nada acostumbrados a que quien ostenta un rango superior descienda de su posición para adaptarse a los demás.

Si miro a mi alrededor puedo ver retazos de ese reino aquí: quizá se parece a la acogida que los voluntarios realizan en las Cáritas parroquiales o en el comedor de Jesús Abandonado, donde se ensalza la dignidad del otro sin mirar color, nacionalidad o estatus; puede que se parezca también a las madres, que no tienen tiempo para sí y se ponen siempre en último lugar, y lo hacen sin buscar agradecimiento ni ser valoradas por ello; tal vez sea semejante a la mirada limpia de los niños y a su facilidad para asombrarse… Sin duda ha de ser un lugar cálido, sereno, seguro; en el que la felicidad será posible para todos, como explicaba el cierre de 33 El Musical: «Felices seréis, felices, por fin la vida se iluminará; se romperá la tristeza, sois mil antorchas que van a alumbrar. El mundo renace, podéis cantar que el amor como la luz os salvará, que es posible para todos encontrar felicidad».

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