¿Quién soy?

¿Quién soy? ¿Te lo has preguntado alguna vez? Hasta hace poco nunca me había parado a pensar cómo me definirían mis allegados si algún día sufro de amnesia o demencia y lo olvido todo. En un portal de redes sociales lanzaron una de esas cuestiones que te llevan a reflexionar: ¿a quién elegirías si necesitaras que te recordaran quién eres?

La pregunta tiene su miga, pues a priori nos decantaríamos por alguien de nuestra familia, de los más cercanos, padres, hermanos, maridos, hijos. O quizás nos acordaríamos de algún buen amigo, de los que nos conocen bien, con los que hemos compartido momentos de todo tipo. Pero si ahondamos en la cuestión nos daríamos cuenta de lo difícil que resultaría, porque es fácil decirle al prójimo lo bien que hace las cosas, lo bueno que hay en él, lo mucho que ha significado en la vida, pero no es tan sencillo puntualizar lo menos bueno.

Lo idóneo sería poder lanzar la pregunta a nuestros amigos justo después de haber hecho algo por los demás, como hizo Jesucristo que, tras haber dado de comer a un montón de gente, tras haber curado a un ciego por el camino hacia las aldeas de Filipo les preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?», pero justo después quería saber qué pensaban sus amigos, sus hermanos en la fe: «¿Y vosotros, ¿quién decís que soy?». No hay duda, también aquí nos dejó una enseñanza. Gracias, Jesús; que como Pedro podamos gritar: «¡Tú eres el Mesías!».

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