Gracia y hospedaje

La Inmaculada es la raíz de la familia concepcionista nacida para custodiar, celebrar y hacer brillar la belleza de este designio divino. Su presencia nos anima a ser, en medio del mundo, sembradoras de luz y de consuelo, con esa oración silenciosa y esa entrega generosa que dan forma a nuestra vida gracias a la santidad de santa Beatriz de Silva.

Este año, esa luz se hace aún más intensa, porque estamos a las puertas del Año Jubilar Concepcionista, convocado con motivo de los 50 años de la canonización de santa Beatriz. El año jubilar comenzará el día 1 de enero, con la festividad de la Madre de Dios, y se cerrará la misma fiesta del año 2027. Motivo de profundo gozo y un tiempo de renovación, agradecimiento y compromiso, que nos ayudará a contemplar a la Inmaculada con ojos nuevos y a profundizar en el misterio que define quiénes somos y hacia dónde nos llama Dios con esta forma de vida contemplativa.

En los días de novena, además, ha resonado en las preces, con cierta nostalgia y una emoción que no se puede disimular, la inminente partida hacia Benigànim de nuestras queridas hermanas Agustinas. Expresamos hondo agradecimiento por el refugio brindado a nuestras hermanas cuando debieron dejar el convento tras la caída de la cúpula de San Antonio. En plena tanda de ejercicios lo interrumpieron y abrieron generosas sus puertas y su corazón. Aquel acogedor siempre profundo hospedaje agustiniano sostuvo con ternura a nuestras mayores.

A la Inmaculada Madre de Dios las seguimos encomendando. Hermanas Fermina, Carmen, Lilian y Andrea, gracias por vuestro valioso testimonio.

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