«Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria (…) levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación» (Lc 21, 27-28). El marco de esta cita del evangelio es el aviso de la segunda venida de Jesús, para la cual le sucederán diversas catástrofes y desastres a nivel global. Pero en seguida el Señor nos tranquiliza recordándonos que él es nuestra redención y liberación; que en Cristo se debe de encontrar nuestra tranquilidad y esperanza. Porque solo a través de él podemos llegar a alcanzar la vida eterna o, dicho de otra forma, la vida en el Amor. Por este motivo todos los cristianos estamos esperando el encuentro con el Señor, su segunda venida, pues tendrá como meta el restablecimiento de la comunión del hombre y de toda la creación con Dios.
Ante estas palabras de Jesús cabría preguntarnos: ¿Si volviera el Señor para esta Navidad, para este 25 de diciembre, estaríamos preparados? ¿Nos encontraría en vela o durmiendo? ¿Estoy en gracia y en comunión con Dios? ¿Mi vida es desordenada y tiene rota la relación con él por vivir en pecado mortal? En definitiva, ¿cómo me encuentro hoy en mi relación con el Señor?
Si al responder a estas preguntas nos damos cuenta de que nuestra relación con Dios no es la mejor, entonces debemos esforzarnos en restaurar esa relación con el Señor a través de vivir en nosotros el perdón desde Dios y con los demás, la vivencia profunda y continua de la Eucaristía y fomentar la amistad con Dios por medio de la oración. No dejemos para mañana lo que podamos hacer hoy.