Un modelo que imitar

El esfuerzo de la mayoría de las personas migrantes suele quedar oculto detrás de cifras, titulares o prejuicios que no reflejan la realidad de sus vidas. Sin embargo, quienes convivimos de cerca con ellos sabemos que su historia está marcada, casi siempre, por el trabajo constante, la esperanza y una enorme fuerza de voluntad. La conocida cita de Tesalonicenses «quien no trabaje, que no coma» suele repetirse sin recordar las palabras que la preceden: «No vivimos entre vosotros sin trabajar; no comimos de balde el pan de nadie, sino que, con cansancio y fatiga, día y noche, trabajamos a fin de no ser una carga para ninguno de vosotros (…) para daros en nosotros un modelo que imitar». Estas líneas, cargadas de dignidad, describen también el espíritu con el que muchos migrantes afrontan cada día.

Tengo el privilegio de acompañar a personas migrantes en su camino, escuchar sus sueños y presenciar el esfuerzo que depositan en la búsqueda de una vida mejor. Su travesía, lejos de ser sencilla, está llena de desafíos: largas jornadas de trabajo, trámites complicados, barreras culturales y, en ocasiones, incomprensión o discriminación. Aun así, continúan adelante movidos por el deseo de aportar, de sostener a sus familias y de construir un futuro más justo.

El trabajo de las personas migrantes no solo sostiene economías, sino también comunidades enteras. Su sacrificio y perseverancia nos recuerda que la persona es digna por ser hija de Dios. Reconocer su esfuerzo no es solo un acto de justicia, sino también una invitación a imitar su ejemplo de valentía, responsabilidad y esperanza. ¿Cuál es tu experiencia personal con las personas migrantes?

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