Ser hogar

Hace apenas una semana que mi fraternidad era acogida en el Santuario de la Fuensanta en el que a partir de ahora estaremos presentes junto con el Cabildo para colaborar y servir en todo lo que sea necesario. 

Un deseo mueve nuestro corazón desde hace ya mucho tiempo: ser casa de todos, poder acoger a todo el que lo necesite para ayudar a descansar el corazón. No hay mejor lugar, el Señor no podía haber elegido mejor sitio para nosotras que en la casa de su Madre. Estamos felices y a la vez asombradas de ver cómo Dios mueve los hilos de la historia y hace que todo sea para su mayor gloria. 

Nuestra única pretensión es hacer de este santuario lo que ya es: un lugar de encuentro con María, la Virgen de la Fuensanta, en el que ella siga siendo la mediación para llegar a su Hijo. ¡Prácticamente todas las hermanas somos murcianas, lo que hace que estemos más ilusionadas aún! Cuidar el santuario, cuidar a la Virgen de la Fuensanta y a todas las personas que se acerquen aquí es simplemente un privilegio. 

Agradecemos de todo corazón a las hermanas Benedictinas toda su entrega generosa, tantos años al servicio, estamos convencidas de que Dios os recompensará con el ciento por uno.  

Felices y con ganas abrazamos este reto sabiendo que será María la que guíe nuestros pasos y vaya marcando el camino que hemos de seguir, que no es otro que el de su Hijo.

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