18 de julio 2017

Una semana al servicio de los más desfavorecidos en Málaga

XVII martes del Tiempo Ordinario

Cuatro jóvenes de la Diócesis de Cartagena, acompañados de un catequista y un sacerdote, han participado en el Campo de Trabajo Lázaro organizado por la Delegación de Pastoral Juvenil de Málaga, que ha tenido lugar del 9 al 16 de julio. Unos días en los que se han puesto al servicio de los más necesitados de esta ciudad andaluza, junto a 70 jóvenes más.

El día comenzaba con una oración, desayuno y división por grupos, en los que los participantes han podido llevar a cabo las tareas que previamente habían elegido. Las Hermanitas de los Pobres, un centro de enfermos de sida, Pozo Dulce (un centro de acogida de transeúntes) y Proyecto Hombre han sido algunas de las instituciones en las que los jóvenes han ayudado a los más desfavorecidos. Todo ello con el objetivo de realizar un acercamiento a los pobres, ayudándoles, a la vez, a encontrarse con el Señor.

En cada uno de los centros, realizaban distintas actividades, según las necesidades de los mismos, durante toda la mañana hasta después de la comida, que también compartían con ellos. Durante la tarde, tiempo libre, misa y catequesis. Por las noches tenían una hora de adoración con exposición del Santísimo y veladas lúdicas.

Además, estos días han tenido la oportunidad de escuchar distintos testimonios de sacerdotes, religiosos, misioneros y matrimonios comprometidos, así como de participar en otras actividades como el Círculo de Silencio, un gesto de sensibilización por los refugiados y migrantes. El Obispo de la Diócesis de Málaga, Mons. Jesús Catalá, también estuvo participando con ellos.

“Ha sido una experiencia muy fuerte porque nos ha dado a conocer una realidad que por el día a día no tenemos la oportunidad de parar y acercarnos a ella. Son necesidades que están ahí pero que no paramos en ellas”. Con esas palabras define María Berruezo, una de las participantes de la Diócesis, este campo de trabajo. “Estaban todos muy agradecidos por estar allí. Muchos no pueden hablar pero te lo dicen con la mirada, y dices: ‘Señor, no me hablas pero me lo dices todo’”. Es, sin duda, para esta joven, “el empujón que muchos de nosotros necesitábamos”.

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