18 de enero 2016

San Fulgencio, una fiesta cargada de tradición e historia

II lunes del Tiempo Ordinario
La Diócesis de Cartagena celebró el pasado sábado la fiesta de su patrón, San Fulgencio. Comenzó la celebración con la procesión claustral por el interior de la Catedral. Los diáconos portaban la urna de plata que contiene las reliquias de San Fulgencio. Al llegar al presbiterio comenzó la Eucaristía por el rito hispano-mozárabe, presidida por el Obispo de Cartagena.
Mons. Lorca habló de San Fulgencio como un modelo a seguir por la Iglesia diocesana que lo venera, por responder generosamente al amor de Cristo, “cómo lo vivió y cómo lo predicó, ilumina nuestro hoy y se convierte en una referencia total”. Nuevamente, el Sr. Obispo invitó a los presentes a orar y reflexionar en torno al nuevo plan de pastoral sobre el que se trabajará este curso.
Una tradición muy dulce
Al finalizar la misa en la Catedral, se siguió celebrando la fiesta del patrón de la Diócesis en el Palacio Episcopal, donde se sirvieron 400 kilos de boniato dulce y mistela; el postre con el que antiguamente se celebraba a San Fulgencio en el seminario que lleva su nombre y el que desde hace veinte años se ofrece a todo el que se acerca al Palacio Episcopal.
Con este postre humilde se agasajaba a los seminaristas, siendo “la única excepción en la alimentación del día”, explicaba el Obispo de Cartagena a los medios de comunicación, mientras que el presidente de la Comunidad Autónoma, Pedro Antonio Sánchez, reivindicaba la salvaguarda de las tradiciones: “tenemos que cuidar nuestras costumbres, nuestras tradiciones, nuestras señas de identidad, y la Iglesia en esta ocasión vuelve a ser un ejemplo de ello”.
El obispo que regresó mil años después a su Diócesis
Al principio de la era visigótica gobernaba en Cartagena el Duque Severiano, que recibió de su madre la fe católica. Severiano se casó en Cartagena con Teodora, también de sangre real y tuvieron por hijos a San Leandro, San Fulgencio, Santa Florentina y San Isidoro. San Fulgencio (546-621) fue un admirable erudito que destacó por su bondad de carácter, claridad de palabra y virtud. Ocupó dos veces la silla episcopal de Cartagena y la de Écija.
En 1594, a instancias del Obispo Don Sancho Dávila y con el beneplácito del rey Felipe II, llegaron a la ciudad de Murcia parte de las reliquias de San Fulgencio y de Santa Florentina, provenientes de Berzocana en Cáceres donde reposan sus cuerpos. Recibidas en solemne procesión desde la Villa de Espinardo en la que habían permanecido algunos días, fueron depositadas en el altar mayor de la Catedral para su veneración.
Los huesos del que desde entonces es patrono de la Diócesis se han custodiado en diversas urnas, siendo la más suntuaria de todas ellas la que en el siglo XVIII costeó el racionero de la Catedral Julián Marín y Lamas y ejecutó el platero Rafael Proens.
El incendio de 1854 afectó casi en su totalidad al altar mayor, fundiéndose el arca-relicario. A iniciativa del Obispo D. Mariano Barrio y del Cabildo Catedralicio, y recurriendo a la mediación de Antonio María Claret, confesor de la Reina Isabel II, se encargó a Víctor Pérez, platero de la corte, la actual urna para colocar los huesos de San Fulgencio rescatados tras el incendio.
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