31 de julio 2018

Rutas y pueblos de la Diócesis de Cartagena de los que disfrutar en verano

XVIII martes del Tiempo Ordinario

Hacer turismo religioso por la Región de Murcia es otra de las propuestas para estos días de verano.

Pasear por las calles, conocer los rincones o descubrir la historia de un pueblo o una ciudad son algunas de las opciones que ofrece el turismo tradicional. Pero el turismo religioso añade un extra: ver todo eso con los ojos de la fe. De la mano del director técnico del Museo de la Catedral de Murcia, el sacerdote Francisco Alegría, realizamos dos rutas y visitamos dos ciudades de la Diócesis de Cartagena, combinando arte, urbanismo, paisaje y gastronomía.

La primera ruta pasa por el Noroeste de la Región, comenzando en el pueblo de Moratalla, concretamente en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, una iglesia columnaria del siglo XVI, “bellísima por la grandiosidad del espacio –señala Alegría–, por las bóvedas y las preciosas columnas que sostienen todo el techo, y porque alberga obras de importante valor tanto de escultura como de pintura, incluso también una interesante orfebrería”. Un recorrido por este pueblo nos llevaría a descubrir otras obras de arquitectura religiosa, como varias capillas y el antiguo convento franciscano.

Partiendo dirección hacia la Casa Cristo encontraremos una ruta con “un paisaje interesantísimo, hasta llegar a ese santuario de devoción a Cristo Aparecido donde hay unas vistas maravillosas”. El camino de esta ruta continúa hacia Campo Béjar, “uno de los paisajes más bonitos de nuestra Diócesis”, asegura el sacerdote. “No sólo la arquitectura humana nos habla de Dios, sino la misma arquitectura de Dios que es el paisaje, la naturaleza, la creación. Es el Dios arquitecto el que nos enseña la grandeza de su obra”.

“En Campo Béjar se puede apreciar cómo la naturaleza se muestra maravillosa y bellísima a los ojos del visitante. Y además, en ese mismo recorrido se pueden visitar interesantes muestras de arquitectura popular, por ejemplo, la ermita de San Pedro de este pueblo o la de San Juan en Campo de San Juan, otro paisaje bellísimo cercano al embalse de la Risca, y finalmente, en el pueblo de El Sabinar, la ermita de San Bartolomé”, puntualiza Alegría. En El Sabinar, durante este mes de agosto, se puede disfrutar también de sus fiestas religiosas en honor de San Bartolomé.

Esta ruta sumerge al visitante en paisajes “entrañables” que llevan hasta la ermita de la Virgen de la Rogativa, patrona de Moratalla.

Del Noroeste al Bajo Guadalentín

Otra ruta que nos propone este experto en arte se enmarca en el entorno de Totana y Aledo. “Totana es otro pueblo con un riquísimo patrimonio histórico-artístico, donde sobresale, en primer lugar, su parroquia de Santiago Apóstol –explica–. Hay que contemplar esa belleza de iglesia con el maravilloso artesonado y su fabulosa arquitectura. Es interesante visitar la torre, que permite descubrir todos sus espacios interiores hasta subir al cuerpo de campanas y tener unas vistas interesantes de la ciudad y de buena parte del Valle del Guadalentín”.

En dirección a La Santa de Totana, el visitante se encuentra caminos que combinan la huerta con el campo llano, que suben hasta el santuario de Santa Eulalia, enclavado en plena Sierra Espuña, en un entorno rodeado de pinos. “Su arquitectura se muestra no solamente esplendorosa en el exterior, sino también en el interior, porque es posiblemente uno de los conjuntos de pintura mural más interesantes de la Diócesis –puntualiza Francisco Alegría–. Toda la iglesia está decorada con pinturas al fresco que recogen ciclos de la vida de Cristo, de San Francisco y de Santa Eulalia también”.

De camino a Aledo, el sacerdote recomienda desviarnos para subir hasta el Corazón de Jesús que hay en lo alto de un cerro, “siguiendo el recorrido de un vía crucis, permitirá contemplar unas vistas extraordinarias de todo el Valle del Guadalentín incluso, si el día está despejado, ver también la costa de Mazarrón”. Ya en Aledo se puede encontrar “uno de los conjuntos urbanos de mayor raigambre en la Diócesis de Cartagena”. Se trata de un entramado medieval, en el que “iglesia y castillo son como la proa de ese buque de roca elevado sobre la montaña”, describe el presbítero. Allí se puede visitar la Torre del Homenaje y la iglesia de Santa María, conocida como Santa María la Real, que alberga interesantes obras escultóricas, como por ejemplo la imagen titular de la Virgen que es una obra tardo-medieval, varias esculturas de Francisco Salzillo y obras renacentistas, como un San Sebastián del siglo XVI.

Además, en el mes de agosto, en este pueblo se celebra la octava del Corpus, trasladada, coincidiendo con las fiestas de San Agustín. “Es interesante asistir a la procesión del Corpus a final del mes de agosto para ver cómo el pueblo de Aledo se vuelca en una devoción extraordinaria al Santísimo Sacramento”, añade Alegría.

Dos ciudades para visitar

Una de las dos ciudades incluidas en esta propuesta de turismo religioso para el verano es Caravaca de la Cruz, referente en este ámbito, y que el pasado 7 de enero clausuraba su Año Jubilar. Imprescindible visitar la Basílica Menor-Santuario de la Vera Cruz, que custodia el lignum crucis y donde se pueden admirar distintas capillas y disfrutar de obras de pintura y escultura.

A los pies de la cuesta que lleva hasta el castillo está la iglesia parroquial de El Salvador, un templo columnario renacentista, donde se guarda una importante colección de pintura y escultura de la escuela caravaqueña (discípulos de Francisco Salzillo). También destaca en Caravaca el Monasterio de San José, de las Madres Carmelitas Descalzas, y junto a él la iglesia de la Compañía de Jesús. Continuando el trazado del casco urbano, el visitante desemboca en un paseo donde se encuentra la iglesia parroquial de la Purísima Concepción, también renacentista con artesonado de madera y una colección de escultura de la escuela caravaqueña. Junto a ella está el Templete, un bañadero barroco, edificado para el baño de la Vera Cruz, un ritual que se repite cada 3 de mayo desde 1384, y con el que se bendicen las aguas que riegan la huerta de este municipio del Noroeste murciano. A tan solo unos pasos, el visitante encontrará el convento de Padres Carmelitas Descalzos y la casa donde se hospedó en varias ocasiones San Juan de la Cruz.

La otra ciudad que el director técnico del Museo de la Catedral de Murcia propone visitar este verano es Jumilla, un lugar que también celebra sus fiestas en el mes de agosto, entorno a la Virgen de la Asunción, su patrona, conocidas como las Fiestas del Vino. “En primer lugar sobresale la iglesia de Santiago Apóstol, un templo gótico con naves pintadas con policromías e iconografías de leones en la nervatura de la bóveda, que se amplió en la cabecera con una obra renacentista de Jerónimo Quijano; además, cuenta con uno de los mejores retablos que tiene la Diócesis de Cartagena, de los hermanos Ayala”. El sacerdote experto en arte resalta de este templo jumillano su colección de pintura, de arquitectura y de orfebrería. La ciudad presenta también otros lugares interesantes como la parroquia de El Salvador y sus retablos fingidos –el arte de fingir un retablo con pintura, en perspectiva, simula ser una obra en tres dimensiones, pero sin embargo es una obra pintada–.

El convento de Santa Ana, de los Franciscanos, también destaca en esta ciudad por ser “uno de los pocos monasterios franciscanos de arquitectura alcantarina, donde todo parece pequeño, pero entrañablemente devoto –destaca–. Tiene una iglesia pequeña donde resalta su azulejería, sus esculturas o sus famosas imágenes de Cristo; la imagen de Santa Ana; un claustro muy pequeño que habla de la estrechez, de la penitencia y de la austeridad de los religiosos; además del huerto, que está lleno de ermitas devocionales”.

Distintas propuestas para conocer este verano un poco más la historia, las raíces y la evolución de la fe en la Diócesis de Cartagena.

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