1 de junio 2018

Religiosas de María Inmaculada en Murcia

IX viernes del Tiempo Ordinario

Esta congregación, situada en el centro de Murcia, tiene como carisma acoger a las chicas que llegan a la ciudad buscando trabajo en el servicio doméstico, para lo que son preparadas. Además tienen residencia de estudiantes.

El 14 de diciembre de 1948 llegaron a Murcia las primeras tres religiosas de María Inmaculada, llamadas por un canónigo de la Catedral, Santos Gutiérrez Flores, que estaba interesado en la obra que estas hermanas realizaban con las chicas del servicio doméstico. Además, contaba con la ayuda por dos mujeres: Rosario y Dolores Palarea, hermanas, que facilitaron que la comunidad se instalara en la ciudad, donando una casa –en la que sigue hoy en día la congregación, en la calle San Nicolás, número 33– y que se ocuparon económicamente de la acogida de las primeras hermanas.

“Normalmente, cuando nuestra congregación se instala en un nuevo lugar –explica la superiora de la comunidad de Murcia, Sor Mercedes Oliveros– es porque somos llamadas por alguna persona. En el caso de esta casa, las necesidades de la época hacían necesario que alguien se encargara de las chicas que llegaban de los pueblos a la ciudad. Nosotras nos dedicábamos a acogerlas y formarlas para que pudieran colocarse en casas de familias”.

El carisma de las religiosas de María Inmaculada es preparar a las mujeres jóvenes para el servicio doméstico. Cuando llegaron acogían principalmente a chicas que llegaban de los pueblos, a quienes impartían una formación integral de la persona, para fomentar así la promoción humana y espiritual, de cara a la transformación de la sociedad. “No consiste sólo en que las chicas se dediquen al servicio doméstico –explica la superiora–, sino que sigan promocionando; que sean agentes de transformación social en las familias, porque una chica que tiene a los niños en sus manos puede influir mucho en ellos”.

Santa Vicenta María López y Vicuña, fundadora de esta congregación, estaba muy interesada en que estas chicas del servicio doméstico supieran escribir, leer y hacer cuentas, así como que recibieran educación en doctrina cristiana.

Adaptadas a la época

Con el paso de los años la realidad ha ido cambiando y estas religiosas se han ido adaptando a las necesidades de cada momento. Los primeros años eran jóvenes huérfanas o muy pobres llegadas de las distintas pedanías o aldeas en busca de un trabajo en el servicio doméstico. En 1968, ante el número de jóvenes que se desplazaban de los pueblos a Murcia para seguir sus estudios de Bachillerato, Magisterio y Comercio, las hermanas solicitaron (y les fue aprobada) la ampliación de la casa. Crearon el llamado Colegio Menor, adaptado a las circunstancias económicas de las familias de las estudiantes, ya que muchos padres emigraban y dejaban aquí a sus hijas.

En 1972 se colaboró con el Ejército a través del Patronato de Huérfanas de Suboficiales y Asimilados, acogiendo a jóvenes huérfanas mientras realizaban sus estudios de formación profesional o estudios universitarios. Siempre adaptadas a las necesidades de la época. Actualmente, las siete religiosas que forman la comunidad tienen en su residencia a 70 jóvenes universitarias.

“Ha sido una evolución de acoger a la mujer que primero venía al servicio doméstico y después para trabajar o estudiar. Nuestra residencia recibe a las personas que están fuera de sus hogares ofreciendo un hogar y unos medios de vida dignos”, comenta la superiora de la comunidad murciana.

En cada una de las casas que estas religiosas tienen, cuentan con tres plataformas a través de las que dan servicio: las residencias, un centro educativo y un centro social. En Murcia la residencia no es sólo para universitarias, pues también hay algunas mujeres acogidas con una situación de necesidad y que están aquí hasta que son incorporadas al servicio doméstico. Además, el centro educativo está inmerso dentro del centro social, a través del que se da formación, atención e intermediación laboral para aquellas mujeres jóvenes que acuden buscando una formación para trabajar en casas.

Carisma

El seguimiento a Jesús en servicio a las jóvenes es el centro del carisma de las religiosas de María Inmaculada, que se expresa con la famosa frase de la santa fundadora “las chicas han triunfado”. Un servicio para preservar la juventud, a partir de la formación y de la atención.

La espiritualidad de estas religiosas está definida por distintos rasgos. Están enamoradas de Jesucristo, un amor que demuestran comprometiendo sus vidas con el Evangelio en favor de las jóvenes; viven en comunidad compartiendo la fe, la vida y la misión; y son enviadas, por lo que están disponibles a ir donde la congregación las necesite en cada momento.

Además, estas religiosas son apostólicas, es decir, tienen una misión, que comparten con los laicos: ofrecer la buena noticia de Jesús a las jóvenes en cualquier lugar del mundo.

“Somos mujeres –explica la superiora– que reflejamos en nuestra feminidad la imagen de María Inmaculada, una mujer libre para decidir su opción de vida, la primera evangelizadora que acogió el plan de Dios y fue causa del proyecto de salvación para los demás”.

Asimismo, viven una profunda dimensión eucarística, con exposición diaria del Santísimo, y hora y media de oración al día. Por lo que son contemplativas y activas, haciendo así presente el deseo de la fundadora: “La voluntad de Dios es mi único norte”. Todo ello sin perder la dimensión fraterna de vida en comunidad.

Talleres de formación y atención laboral para el servicio doméstico

En la residencia María Inmaculada de Murcia, las religiosas dedican parte de su esfuerzo a la formación de un gran número de mujeres que acuden en búsqueda de trabajo. La gran mayoría de ellas son extranjeras, sin estudios y, en muchos casos, no hablan español.

Actualmente se prepara a estas mujeres para trabajar, con una formación inicial y talleres de alfabetización, español, cocina y atención a personas con dependencia en familias, entre otros. Aquí, en 1953, las religiosas tuvieron el Patronato de María Inmaculada, con autorización para la enseñanza de mujeres adultas, que se impartía de 19:00 a 21:00 horas, con distintas secciones según las necesidades: analfabetas, neolectoras, certificado de enseñanza Primaria y, semanalmente, enseñanza religiosa. Además, también había clases los domingos, para las chicas que trabajaban como internas en el servicio doméstico, ya que este día era el que ellas tenían libre. En estas escuelas dominicales se daba corte y confección, alfabetización, mecanografía, taquigrafía o bordado a máquina. En aquella época hubo hasta 110 alumnas, ocho profesores y ocho aulas en las que se impartía la formación, ya que se trataba de un centro no estatal adscrito al Seminario Menor de San José.

Una de las preocupaciones de Santa Vicenta María era: “que las chicas vivan bien y se salven y sean fermento en la sociedad”, por lo que la formación de estas jóvenes es un pilar básico para la congregación. Por ello, las religiosas salen al encuentro de las necesidades de cada momento, completando la formación y ayudando en la búsqueda de empleo.

Como centro social, en Murcia se realiza una importante labor de intermediación laboral, donde cada día alrededor de 30 mujeres llegan en búsqueda de un trabajo en el servicio doméstico.

Laicos comprometidos con el carisma

La congregación de religiosas de María Inmaculada cuenta con la Fundación Manuel María Vicuña, a través de la que se gestiona el voluntariado, que es básico para la labor de estas monjas. En la casa que tienen en la Diócesis de Cartagena, son muchas las tareas que realizan los voluntarios: talleres, labores del comedor, formación…

Por otro lado, encontramos el Movimiento Laicos Vicenta María (MOLAVIM) formado por seglares comprometidos con el carisma de las hermanas, con su espiritualidad y su misión.

A las jóvenes universitarias de la residencia María Inmaculada, así como a personas cercanas al carisma, se les ofrecen las actividades que desde la congregación se organizan, como los campamentos y las pascuas; una forma también de cuidar el tiempo libre.

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