Reflexiones semanales
6 de marzo 2022

Responde al don de Dios. Escucha su Palabra

IX domingo del Tiempo Ordinario

Al comienzo de la Cuaresma el Papa Francisco nos pide abrir los oídos para escuchar la voz de Dios, porque el Señor nos dispone a madurar en la docilidad para saber acoger el regalo de la salvación. La Cuaresma es tiempo de encuentro con nuestra verdadera esencia, con lo que Dios ha pensado para nosotros, por eso es tiempo de conversión. La Cuaresma es tiempo del abrazo para la reconciliación como en la parábola del hijo pródigo o tiempo para la conversión como le sucedió a Zaqueo. En este tiempo veremos a Cristo cerca tendiendo la mano para pedirnos agua, como a la samaritana. En Cuaresma tendremos muchas oportunidades para ver el rostro transfigurado de Cristo, la misericordia de Dios derramándose sobre nuestras cabezas con su perdón y la esperanza viva que nos regala Nuestro Señor. No es un tiempo triste, sino de misericordia, no estaremos inmersos en la oscuridad, sino que Jesús nos llama a la luz de su presencia, a beber el agua viva que salta hasta la vida eterna.

La Cuaresma es conversión, aprender a mirar a Jesucristo, su Palabra y el testimonio de su vida entre nosotros y contemplar su cuerpo desnudo, sus manos rotas, sus pies atados, la cabeza coronada de espinas, su corazón traspasado, y sentir la necesidad de responderle con un gran sí, con amor al Amor que no es amado. En Cuaresma, Dios nos da otra oportunidad más, así que a preparar mejor que el año pasado la Cuaresma, que la vamos a cargar de sentido, y no caigamos en la tentación del desánimo, porque esto nos impedirá recoger la cosecha de la gracia que Él nos regala. El Papa Francisco nos pide que nos pongamos manos a la obra y sembremos la dulzura del corazón de Dios, incluso en estos tiempos tan difíciles y de guerra, siendo colaboradores suyos en la extensión de la Buena Nueva. «Esta llamada a sembrar el bien no tenemos que verla como un peso, sino como una gracia con la que el Creador quiere que estemos activamente unidos a su magnanimidad fecunda».

La Cuaresma nos permitirá acercarnos más a Dios y a los hermanos, especialmente en este tiempo en el que estamos tomando conciencia de nuestra realidad de familia, con motivo de esta fase de preparación para el Sínodo. ¡Somos la familia de Dios! Y Nuestro Señor va delante, dándonos ejemplo de entrega, y nos necesita para seguir sembrando su Palabra, con coraje, arriesgados, convencidos, sabedores de lo que anunciamos, confiando mucho en la fuerza que nos da el Señor, sin miedo, ¡hombres y mujeres de fe recia! Cada día somos más necesarios, todos, para poder ofrecer la luz del Evangelio a quienes viven en las tinieblas, llevando el Amor y la Misericordia de Dios a quienes viven desorientados y perdidos. Hemos sido llamados por Jesucristo a dar testimonio ante el mundo del milagro de la unidad en el amor, respetuosa y promotora del bien para los hombres y para todos los pueblos. Recordad lo que nos dice el Papa, que «nadie se salva solo, nadie se salva sin Dios, porque solo el misterio pascual de Jesucristo nos concede vencer las aguas oscuras de la muerte».

Recemos con fe al Señor para que cese la guerra y se establezca la paz, especialmente en el conflicto bélico en Ucrania e intercedamos por medio de Nuestra Madre, la Virgen María.

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