Reflexiones semanales
7 de febrero 2021

Proximidad, oración y caridad

V domingo del Tiempo Ordinario

Los tres centros de interés que presentan las lecturas de esta semana nos harán pensar a más de uno, porque son aspectos de la vida de un cristiano que no se pueden olvidar. En la segunda lectura nos enseña san Pablo la importancia de la caridad como norma de vida y el Evangelio destaca la figura de Jesús como un hombre cercano, próximo a los problemas e inquietudes de la gente; y define a Jesús como hombre de oración. Estas lecturas nos ayudarán a conocer más en profundidad a Nuestro Señor.

En cuanto a los signos que hacía el Señor, tienen una especial consideración los milagros. De nadie, comenta san Agustín, se dice en la antigüedad que curara verdaderamente a tantas personas como Jesús. En la lectura nos cuenta el evangelista que entró en casa de Pedro y que curó a su suegra que estaba enferma; luego, narra que le trajeron numerosos enfermos para que los curase. Y aquí está Dios, cercano, próximo a los sufrimientos y dolores de la gente, el que pasó haciendo el bien. El Señor siempre actúa con autoridad, con sencillez, con un gesto, un signo, con su sola palabra o en silencio, pero el resultado es la curación, la sanación o la liberación. En el centro de la actuación y de la predicación de Jesús está su deseo de que todos conozcan al Padre, que vean que la salvación viene solo de Dios, que Dios está preocupado por cada uno y que no nos deja solos. Precisamente con estos signos quiere manifestar Jesús la gloria, la gracia y el poder de Dios. Fijaos en el detalle cuando entró en la casa de Pedro, al enterarse de que estaba enferma, se acercó a esa mujer, la tomó de la mano y la levantó. Con un sencillo gesto de cercanía. El evangelista Marcos está diciendo quién es Jesús, su poder para liberar de la enfermedad, ese gesto es una victoria mesiánica contra las fuerzas del mal, pero con serenidad, sin hacer nada extraordinario, solo con un gesto de ternura. Jesús cura, sana, libera de verdad y esto atraía a todos. ¡Jesús solo pide silencio! El amor no necesita propaganda, porque el corazón lo capta inmediatamente.

Nosotros sabemos que el Señor está siempre cercano y decidido a curar todas las fiebres de nuestras pasiones, todas las enfermedades de nuestro pobre corazón y nos ofrece el camino para la salud del alma: el amor, la caridad. Esta es la razón por la que Pablo, en el tema de los idolotitos, exhorta a los fieles a que renuncien a ese derecho, por respeto a los débiles, para no escandalizarles, movido precisamente por la caridad, convencido de que la caridad edifica (1Co 8,2). Amar como Dios nos ama es romper los esquemas, es salir de nuestros intereses, es abrir nuestra vida a todos, con un corazón universal, incluso para aceptar la cruz y el sufrimiento. La falta de fe nos aleja de este inmenso regalo.

La tercera cuestión que nos propone la Palabra es la oración, la escucha de Dios. En esto tenemos que imitar el ejemplo y el estilo de Jesús a quien se le ve orando siempre, en todo momento y en cada uno de los acontecimientos esenciales de su vida. Su testimonio vital nos ilumina cuando lo vemos ir al encuentro del Padre en el silencio de la noche y en el fragor de la vida.

Feliz domingo.

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