Reflexiones semanales
5 de julio 2020

Otro plan de vida

XIV domingo del Tiempo Ordinario

Cuando existe gente que pregona sus grandezas y luce al exterior sus grandes gestas, marcadas por una egolatría feroz; cuando encontramos por las calles el lujo, la ostentación y el boato, como el estilo de vida más preciado; cuando parece que a los poderosos de este mundo, a los protagonistas del “famoseo” o a los “chulos de barrio” les encanta estar en la cresta de la ola, ser reconocidos, adorados o temidos, resulta que la Palabra de Dios nos presenta otro plan de vida bastante diferente a lo que estamos acostumbrados a ver. La Palabra resalta a los tienen el protagonismo ante Dios, que son los mansos de corazón, los justos, los humildes y sencillos, cosa que para este mundo es poco significativa y nada valorada. Pero son las señales más visibles de un creyente con corazón y son las condiciones indispensables para entender el lenguaje de Dios y sus señales. Es evidente que, para vivir esta manera de ser, hay que buscarla, saber que nadarás contracorriente, aceptar incondicionalmente la voluntad de Dios al estilo de Jesús y de la Santísima Virgen María, abriendo los oídos para recibir la Palabra del Señor como en tierra buena. El que siembra entre zarzas o en el camino no podrá contemplar cómo nace y da fruto la gracia de Dios en él. Os remito a la segunda lectura de este domingo donde se plantean los dos principios que rigen la vida moral del hombre, donde san Pablo concluye así: “Si vivís según la carne, vais a la muerte; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis”. El planteamiento es contundente, no le deja hueco a la duda, es necesario dejarse llevar del Espíritu, porque Dios nos da la vida, nos salva y nos socorre en la debilidad, “sostiene a los que se van a caer y endereza a los que ya se doblan” (cf. Salmo 144).

El modelo esencial lo tenemos en Nuestro Señor Jesucristo, que, siendo Dios, se ha hecho uno de nosotros, uno de nosotros, como dice san Pablo. En la Encarnación asumió la humildad de la condición humana para elevar al hombre a la filiación divina, este ha sido el mayor de los regalos que hemos recibido. De Jesús hemos aprendido lo que significa el amor de entrega, porque Él mismo ha derramado su sangre por nosotros; hemos aprendido que en la ruta del amor tiene importancia la gratuidad de saber amar de verdad, el gozo y la humildad de dejarse amar. Jesús nos ha enseñado a mirar a Dios y decirle con familiaridad Papá y pedirle por nuestras necesidades, sabiendo que el Padre siempre responde y siempre escucha, porque Dios escucha a los humildes y sencillos. Así es Dios. El que tiene un corazón libre de todas las esclavitudes y apegos de este mundo es capaz de acoger, con naturalidad, los misterios del Reino de los cielos anunciados por Jesús.

Id este domingo a la celebración de la misa buscando al Señor, queriendo sentirlo muy cerca, con los oídos atentos. Sugiero que os preparéis antes y dejéis lejos el peso del propio yo, porque Dios no se dejará ver sino a aquellos que posean el don de la sencillez y la humildad de corazón, como escucharemos en el Evangelio. Tened confianza, que no saldréis defraudados de esta experiencia y recordad lo que nos pide: amor fraterno, servicio humilde y generoso, ser justos, y la misericordia con el pobre.

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