Reflexiones semanales
25 de junio 2017

No tengáis miedo, confiad en Dios

XIII domingo del Tiempo Ordinario

La Palabra del Señor en esta semana no se anda por las ramas, sino que se detiene en los aspectos esenciales que nos tocan vivir día a día, incluidas las persecuciones. Si escuchamos en silencio meditativo estas lecturas llegaremos a la conclusión de que lo que Dios nos está pidiendo es que no tengamos miedo, porque Dios es nuestro refugio y fortaleza. Posiblemente tú seas uno de los que necesitas ganar en confianza, quizás porque el ritmo de vida te hace pasar por muchas “tormentas” o sufrir muchas dificultades, y necesites comprobar que solo no puedes vencer tanto inconveniente. El ejemplo está delante de tus ojos, te lo ofrece el personaje que se describe en la lectura del profeta Jeremías, que se ha puesto en las manos de Dios, porque ya no puede más, le resulta muy doloroso el ambiente de persecución que sufre y los falsos amigos que le traicionan. Acude a Dios, porque sólo en Él descansa, acude al que se manifiesta fuerte y juez justo, porque se hace cargo de todo el que acude a Él. Pero incluso esto tiene sus consecuencias, ya que la persona que ha decidido habitar en la casa del Señor y seguir sus pasos, el que tiene claro que su camino es el amor de Dios, ha de prepararse bien, porque tropezará con el rechazo de sus semejantes. Pero no hay que desfallecer en estas circunstancias, porque allí donde suframos desprecios y oposición es donde más fuertemente debemos agarrarnos a la Palabra de Dios, al Dios que nos protege y salva.

En el Evangelio no se descarta que los discípulos no tengan persecuciones o pasen momentos de sufrimiento, por eso la insistencia de Jesús en este tema: “No tengáis miedo”. Directamente se te invita a la necesidad de confiar en Dios, en el que nos cuida y nos protege. Este mismo era el discurso de Carlos de Foucauld a los que se habían puesto en las manos del Señor: “Aceptad pacientemente la Voluntad de Dios, dándole la bienvenida a todo lo que suceda. Sufrid con coraje vuestros padecimientos, ofreciéndoselos a Dios como un sacrificio, sufridlos rogando por vuestros perseguidores, ya que son hijos de Dios y yo mismo os he dado el ejemplo de rezar por todos los hombres”. Escuchemos con serenidad esta Palabra y dejemos que llegue al fondo del corazón. Nos harán bien estas palabras de Jesús: “¡No temáis a los que matan el cuerpo…!”. Jesucristo nos anima a seguir adelante, que los problemas y las dificultades no han surgido en este tiempo solamente, son de siempre, de la condición humana, pero Dios se ha comprometido con nosotros, ha dado la cara por nosotros, sale a nuestro encuentro siempre y nos rescata por su misericordia de las garras del mal, nos libera de nuestras cadenas y ya ha salido a nuestro encuentro.

Dios es la fuente de la vida; eliminarlo equivale a separarse de esta fuente e, inevitablemente, privarse de la plenitud y la alegría: “Sin el Creador la criatura se diluye” (GS, 36). Mucho ánimo a todos, tenemos futuro y esperanza si permanecemos en Dios, Él nos ha creado y llevamos su “huella”, nos ha hecho a su imagen y semejanza y nuestro mejor ámbito es el amor, la alegría y la paz, siempre agarrados a la Cruz, como Él.

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