Reflexiones semanales
23 de junio 2019

No preguntéis quién es el prójimo, ¡abrid los ojos!

XII domingo del Tiempo Ordinario

La Solemnidad del Corpus Christi es la exaltación del Cuerpo y de la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Los cristianos atestiguamos nuestra gratitud y adoración a tan inefable regalo de la presencia real de Nuestro Señor en la Eucaristía y por los méritos de la muerte, pasión y resurrección de Nuestro Señor. En todas las parroquias de las ciudades y pueblos se da testimonio de la importancia de la presencia de Cristo con nosotros en la Eucaristía y hacemos fiesta asistiendo a la procesión más importante del año, la del Corpus. Decimos que es el día de la comunión, de la fraternidad y de la caridad, porque "Dios es amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él" (1 Jn 4, 16). La caridad con el prójimo lleva nuestro amor a Dios a su plenitud, nunca lo disminuye. Esto queda muy claro en el Nuevo Testamento: «Si alguno dice: "Amo a Dios", y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve» (1 Jn 4, 20). Y es que Dios nos ha regalado la capacidad de reconocer y ayudar a los hermanos grabándolo en el corazón del hombre, como un tatuaje. El amor, como el de Cristo que entregó su vida por nosotros, es la esencia de nuestra fe, lo que nos identifica.

En la Iglesia nos han enseñado que el amor y la caridad que debemos vivir tiene un estilo samaritano, que no hay que pasar de largo ante las realidades de pobreza y necesidad, porque Cristo no pasó de largo, y hay que atender al que te necesita. Nadie tiene excusas para ausentarse en esta obligación, ya que el ejercicio de la caridad, en cuanto amor al prójimo, es una tarea no sólo personal sino comunitaria, nos afecta a todos desde las comunidades más pequeñas hasta la Iglesia universal.

El día del Corpus es el día de la caridad cristiana por excelencia y Cáritas se hace presente de una manera especial en nuestras vidas y en nuestras comunidades. Que nadie tema, que no estoy pidiendo dinero, no te traigo “un problema”, no. Lo que se pide es más grande que eso, llamo a tu conciencia para que esté despierta y veas las obras más espectaculares que puedes hacer usando la fe y el corazón. El dinero no es suficiente para consolar a un enfermo y hacerle un rato de compañía; el dinero no terminará con las angustias y soledades de muchos ancianos, ni le quitará las penas a los encarcelados, las dificultades y sufrimientos de las familias rotas, las infidelidades o el trauma que causan las maledicencias… El dinero sirve para quitar el hambre y la sed, que muchas familias puedan tener una casa, un techo, un trabajo, una formación adecuada para ser personas con recursos y tengan su dignidad. Cáritas llama a tu puerta sólo para esto. Cáritas no limosnea, sino que levanta la bandera de la dignidad y pide adhesiones.

Esto es lo que dice el Papa Francisco a los jóvenes: "la vocación laical es ante todo la caridad en la familia, la caridad social y la caridad política: es un compromiso concreto desde la fe para la construcción de una sociedad nueva, es vivir en medio del mundo y de la sociedad para evangelizar sus diversas instancias, para hacer crecer la paz, la convivencia, la justicia, los derechos humanos, la misericordia, y así́ extender el Reino de Dios en el mundo". (Papa Francisco, Exh. Apost., Christus vivit, 168). ¿Te apuntas a este proyecto, bajo la bandera de la caridad? ¡Ser luchadores por el bien común, para "resistir las patologías del individualismo consumista y superficial"!

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