Reflexiones semanales
24 de junio 2018

Nacimiento de San Juan Bautista

XII domingo del Tiempo Ordinario

Celebramos en este domingo la solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista, el hombre que Dios había designado como el precursor de Jesús. Este día es muy popular, mucha gente lleva el nombre del que es el último profeta del Antiguo Testamento y precursor del Mesías. Juan, el Bautista, cumplió un papel importante preparando los corazones de todo el pueblo para que pudieran acoger al que de verdad venía con palabras de Vida, él invitaba a abrir los oídos y a escuchar a Dios con confianza, porque la Palabra es fuente de vida. “La Palabra de Dios es como un canto a varias voces, en cuanto Dios la pronuncia de muchas formas y de diversos modos (cf. Hb 1, 1), dentro de una larga historia y con diversidad de anunciadores, pero donde aparece una jerarquía de significados y de funciones”, con estas palabras definió el documento de preparación del Sínodo de Obispos a la Palabra de Dios.

San Juan Bautista fue el hombre que predicó en el desierto, el valiente que anunciaba sin complejos las grandezas y misericordias de Dios, el que abrió el camino a la esperanza más bella: Cristo. Su pedagogía fue la palabra, hablar de Dios sin cansarse. El pueblo de Israel tenía práctica en la escucha de Dios, por eso se insiste tanto a los oyentes que formaran el nuevo pueblo de Dios, que espabilaran el oído. En la espiritualidad cristiana se nos dice que la Palabra de Dios es alimento para nuestra vida cuando nos acercamos a ella, que uno se alimenta de la Palabra cuando la escucha y cuando la pone en práctica. Conviene repasar la enseñanza del autor de la Carta a los Hebreos: “La Palabra de Dios es eficaz y más cortante que espada alguna de dos filos. Penetra hasta las fronteras entre el alma y el espíritu, hasta las junturas y médulas; y escruta los sentimientos y pensamientos del corazón” (Hb 4, 12). La Palabra acompaña al hombre desde la creación hasta el fin de su peregrinación en la tierra.

Aprovechemos que estamos celebrando esta fiesta solemne para abrir la Sagrada Escritura y entrar dentro del Misterio de Dios Amor, de Dios Entrega, de Dios Santificador y hagamos familiar este encuentro. ¿No os parece que llevan razón los maestros de espiritualidad cristiana cuando nos invitan a conocer a Dios para amarle? Pues, de qué mejor manera que de la propia Palabra que “ilumina la vida del hombre, indicándole el camino a seguir especialmente a través del Decálogo, que Jesús ha sintetizado en el mandamiento del amor a Dios y al prójimo (cf. Mt 22,37-40). Las Bienaventuranzas (cf. Lc 6, 20-26) constituyen el ideal de la vida cristiana vivida en la escucha de la Palabra de Dios, que escruta los sentimientos de los corazones, inclinándolos hacia el bien y purificándolos de aquello que es pecaminoso”.

Haced silencio interior para escuchar a Dios, buscad un lugar apropiado para sumergirnos en la lectura pausada, lejos de los ruidos habituales, fuera de las urgencias que impone la vida: ¡hay que darse tiempo y un corazón con ganas de escuchar a Dios!”. Nuestra actitud es de respuesta a Dios, de dejar que la Palabra empape todo nuestro ser, dejándola fructificar (Is. 55,10) con frutos de fe, esperanza, caridad y perseverancia.

¡Feliz domingo!

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