Reflexiones semanales
22 de julio 2018

Les pondré pastores

XVI domingo del Tiempo Ordinario

“Les pondré pastores que les pastoreen”, escuchamos en la primera lectura del profeta Jeremías de este domingo. La situación que se venía observando, de la vida de los fieles hacia Señor en su época, era bastante especial y el profeta no pudo resistir más, sabía que tenía que hablar, aunque le costara. Jeremías es consciente de que es un profeta, llamado por Dios para una misión arriesgada, pero en la confianza en Dios, su vida está cimentada en una constante aventura de seguir a Dios, sabe que es un elegido para hablarle al pueblo de las cosas de Dios y a Dios, de las necesidades de su pueblo: “Os pondré pastores según mi corazón que os den pasto de conocimiento y prudencia” (Jer 3, 15). El verdadero protagonista de esta historia es Dios, que está siempre atento y nos pide confianza y que nos lancemos a la aventura de ser sembradores de paz. El profeta sabe lo que se va a encontrar en su ministerio: a muchos que rechazarán sus palabras por la dureza del corazón de los destinatarios, de la gente a la que ha sido enviado; también la rebeldía de unos hijos que han cerrado el corazón y los oídos y no quieren escuchar. Estas cosas le llevarán al profeta a pasar por la experiencia de la soledad, de estar señalado con el dedo, como un signo de contradicción, como una piedra de tropiezo para la gente. Pero es reconfortante para el elegido saber que lo es directamente por Dios “según su corazón” y que es Él quien le envía y sostiene, aunque sepa también que un profeta es siempre rechazado.

La lectura del salmo es muy reconfortante, porque abre las puertas al verdadero sentido de la misión con palabras de consuelo para cuantos se puedan sentir desorientados en la vida y para el mismo predicador, que se siente fortalecido y apoyado por el Buen Pastor para la misión. El salmo 22 es una palabra alegre y confiada para todos: “El Señor es mi pastor, nada me falta”. Hemos sido llamados para llevar esperanza a todos, para decirle a todo el mundo –a corazón abierto y con la libertad del que se ha entregado al proyecto salvador de Dios– que no estamos condenados, porque el Creador del cielo y de la tierra abre las puertas de su corazón para perdonar e inundarnos con su misericordia, porque nos ama de corazón. Ved la dulzura que derrama Jesús con sus discípulos, después del duro trabajo de la misión: “venid a descansar”. Habrá que añadir a los que anuncian la esperanza, a los que son heraldos que gritan el amanecer sin desanimarse, lo que les dice también Jesús con voz clara y nítida es: “no temas”.

Nosotros, por el Bautismo, estamos llamados a evangelizar, por eso os propongo las palabras de San Pablo a Timoteo: “Guarda el depósito de la fe con la ayuda del Espíritu Santo; soporta las fatigas como buen soldado de Cristo; acuérdate de Cristo Resucitado de entre los muertos que si sufrimos con Él, reinaremos con Él; evita las discusiones tontas y la palabrería vana… practica la justicia, la fe, el amor y la paz con todos. Debes ser amable, saber enseñar y soportar los sufrimientos con paciencia, corregir con dulzura; permanece fiel en lo que has aprendido; predica la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo… que la Palabra no está encadenada”. Anímate a escuchar la voz de Cristo, que te llama a continuar con su misión. Él se entregó totalmente al anuncio del Reino, lo acabamos de escuchar en el Evangelio, tanto, que no tenía tiempo ni para comer.

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