Reflexiones semanales
6 de septiembre 2020

La responsabilidad de la fraternidad

XXIII domingo del Tiempo Ordinario

¡Qué rápido ha pasado este mes de agosto! Me alegro mucho de poder saludaros al inicio de este curso, que comienza con incertidumbres por causa de la pandemia; el retraso de la vuelta al cole, los diversos brotes que surgen y la preocupación constante nos pone a todos a pensar. Con la seguridad que nos da el Señor debemos caminar en esperanza, siempre con la debida prudencia y manteniendo las indicaciones que nos dan nuestras autoridades sanitarias. Mucho ánimo en esta aventura que nos ha tocado vivir. A los que habéis tenido experiencias menos agradables por la presencia de la enfermedad, la soledad o la cotidiana rutina os deseo la gracia, la paz, la bondad y el consuelo de Dios. Seguimos rezando por todos, en especial por los que lo están pasando mal, porque no debemos olvidarnos de los hermanos, ya que, como dicen las lecturas de esta semana, somos responsables de nuestra salvación y de la de los demás.

En este curso contamos con cuatro nuevos sacerdotes y cinco diáconos, que pronto se ordenarán para el servicio de la Diócesis, esto es un regalo de Dios, porque la realidad diocesana es muy grande y las necesidades de servicio se multiplican. También hay que decir que en algunas parroquias os encontraréis con un nuevo sacerdote, os pido que le acojáis como un hermano y le ayudéis en su ministerio, más en este tiempo. Damos gracias a Dios por el regalo de los seminaristas de nuestra Diócesis, los de los dos seminarios mayores y los del Menor de San José, porque son esperanza para la Iglesia. Afortunadamente hay luces en el tema vocacional, porque, en medio de las dificultades de nuestro tiempo, surgen jóvenes que buscan servir con generosidad; otros, desengañados por las ideologías, buscan la verdad del Evangelio; los cansados de estar solos desean una cultura del encuentro; los confusos por la desorientación ética se acercan más a Dios con amplitud de horizontes… La Iglesia es el hospital de campaña que sabe curar las heridas de la vida, el solar donde mejor se puede construir la fraternidad, con el mejor arquitecto, el Corazón de Jesús. «Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: No endurezcáis vuestro corazón».

Nos espera un curso apasionante, aunque el momento que estamos viviendo con las incertidumbres que nos esperan hace que todos tomemos parte activa en las soluciones, porque ¡algo habrá que hacer! Sí, acabo de implicarte a ti también para buscar las soluciones y no esperar a que se te den hechas, porque es preciso que seamos todos los que arrimemos el hombro, aportando cada uno su granico de arena. Seguiremos trabajando en la participación del laicado en la vida de esta Iglesia local y nos ayudará especialmente el acercarnos a los Hechos de los Apóstoles, volver a las fuentes y reflexionar en los primeros pasos de la Iglesia naciente, que no fueron nada fáciles, pero dieron su fruto.

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