Reflexiones semanales
31 de mayo 2020

La fuerza renovadora del Espíritu

Santísima Trinidad

Mucho ánimo a todos los hermanos que participamos de la misma fe y hemos recibido la fuerza del Espíritu Santo en el Bautismo, ¡que desaparezcan los miedos y temores que nos han encerrado en nosotros mismos y abramos nuestras vidas a la luz de Jesucristo! El Espíritu nos está llamando a la confianza, a salir a la calle y proclamar la libertad de los hijos de Dios, a anunciar el Evangelio a todas las gentes como profetas y heraldos de buenas nuevas. El Espíritu, dulce huésped del alma, nos regala sus dones que animan y fortalecen a los discípulos para que no nos acobardemos nunca en la tarea evangelizadora.

El Espíritu nos hace una llamada determinante a ponernos en camino del Reinado del Dios vivo con una invitación personal. Sale a tu encuentro y te pide una generosa entrega a ti en totalidad, con tus luces y sombras, virtudes y defectos. Dios mismo es el que quiere oírte decir el “fiat” que caracterizó a Nuestra Madre, la Virgen María, una respuesta total, para que sea fecunda, como levadura que fermentará la masa. En nuestras parroquias y comunidades existen muchos hombres y mujeres que han respondido y están dando un maravilloso testimonio personal y de grupo en los distintos movimientos de apostolado seglar, grupos y asociaciones. Podemos comprobar que las respuestas son palpables: para un mundo individualista, los que se han dejado llevar de la voz del Espíritu ofrecen la fuerza de los valores fraternos y comunitarios que sacan al hombre de la soledad, de su aislamiento, regalándole el don de la comunidad y poniéndolo en camino. Para un mundo que ha perdido el horizonte y se ha quedado en buscar soluciones y respuestas de “tejas abajo”, los movimientos de apostolado seglar le ofrecen la apertura a la novedad del Espíritu Santo, que le anima a revisar la realidad a la luz de la Palabra de Dios y actuar con la limpieza de la verdad y la justicia.

Todos los fieles cristianos formamos una gran familia, cada uno hemos recibido el encargo de una tarea, de una invitación especial del Señor para el anuncio, la oración y la caridad. Los laicos no sois miembros pasivos en la Iglesia, esto lo sabe todo el mundo, también estáis llamados a dar testimonio del amor de Cristo y a dar respuesta de la esperanza que hay en vosotros (cfr 1Pe 3,15), como estamos viendo durante este tiempo con los planes de evangelización de las Diócesis y en la experiencia del último Congreso de Laicos. La faena más urgente de los laicos de este siglo es ayudar a todos a despertar a la fe, a descubrir o a redescubrir a Cristo, como centro de nuestra vida. A Cristo que es la verdad, el camino y la vida; que el mundo se pueda iluminar con la luz de Cristo.

Pido al Señor que aceptéis la fuerza que el Espíritu os regala para ser apóstoles de este siglo. Ofreced la verdad del Evangelio como un tesoro al alcance de todas las manos, como una fuerza renovadora que llama a todos los hombres, a la humanidad entera, a la fuente de la vida, que es Jesucristo. Jesús camina con vosotros y os exhorta a valorar la dignidad de la persona, a respetar el derecho inviolable de la vida, a defender la libertad para invocar el nombre del Señor, a cuidar el regalo de la familia como la mejor escuela de humanidad, la caridad como estilo y la participación en la vida pública, en la cultura y las culturas del hombre.

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