Reflexiones semanales
31 de diciembre 2017

La fiesta de la Sagrada Familia

II domingo de Navidad

La Iglesia nos propone la fiesta de la Sagrada Familia como un modelo de experiencia de vida singular, porque su oferta es que vivamos la santidad en el amor, tal como lo viven Jesús, José y María en ese sencillo y humilde hogar de Nazaret. Jesús es el centro de la Sagrada Familia, porque Él une la familia de la tierra con la familia del cielo, porque Él es la segunda persona de la Santísima Trinidad. También podemos dar gracias a Dios por el regalo de la familia, basada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, como núcleo fundamental de la sociedad y de la Iglesia, cuyo sentido está basado en el amor y en el respeto mutuo.

La Iglesia ha denunciado en muchas ocasiones las dificultades por las que pasa la familia en nuestra sociedad y nos invita constantemente a recomponer el tejido esencial de la misma desde el amor, que le es propio. El Papa Francisco ha recogido toda la doctrina de la Iglesia y nos insiste ardientemente en trabajar para salvar la familia por encima de todo, estando cerca de sus necesidades, de acompañarla en su crecimiento, cuidando a los matrimonios, tanto a los de cerca, como a los alejados de la Iglesia, para que logren la madurez del amor con la clave de comprender, acompañar e integrar, y siempre con los brazos abiertos, especialmente para los que sufren (AL 312). El Santo Padre nos pide que “de ninguna manera la Iglesia renuncie a proponer el ideal pleno del matrimonio, el proyecto de Dios en toda su grandeza”. Está claro que no podemos mostrarnos reticentes cuando se trata de cuidar este ideal. La familia es un bien indispensable para la vida de la Iglesia, es un bien valiosísimo para la evangelización de la vida y un patrimonio imprescindible para la sociedad humana.

En esta solemnidad podríamos volver a leer la Exhortación del Papa Francisco, Amoris Laetitia, para llenarnos de la fuerza de la propuesta que nos hace, es necesario ayudarles a ponerse en camino, facilitarles las cosas a las familias, anunciarles el Kerygma y proponerles la Palabra de Dios. “El anuncio cristiano relativo a la familia es verdaderamente una buena noticia” (AL 1). Sólo con el título mismo de la Exhortación Apostólica ya sugiere la actitud del documento, nos recuerda constantemente la belleza de la vida familiar, a pesar de todos los problemas que conlleva. Para el Papa Francisco, “querer formar una familia es animarse a ser parte del sueño de Dios, es animarse a soñar con él, es animarse a construir con él, es animarse a jugarse con él esta historia de construir un mundo donde nadie se sienta solo” (AL 321). Y esto es ¡una preciosa aventura!

Una parte esencial de la familia es el tema del respeto al otro y del cuidado para no hacerle daño o quitarle su libertad. “El amor al otro implica ese gusto de contemplar y valorar lo bello y sagrado de su ser personal, que existe más allá de mis necesidades”. Dios mismo ha querido vivir en familia, sentir el afecto más grande y hermoso que el hombre pueda imaginarse. La familia, dice el Papa, ha sido siempre el hospital más cercano (n. 321).

Feliz domingo.

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