Reflexiones semanales
20 de octubre 2019

La fe y la misión en el día del Domund

XXIX domingo del Tiempo Ordinario

En este domingo celebramos una fiesta especial: el compromiso evangelizador, la pasión por comunicar a todos la fuerza que tiene creer en Dios. Creer en Dios es creer en el que Él ha enviado, su “Hijo amado”, en quien puso toda su complacencia (cf. Mc 1,11) y es a quien hay que escuchar (Mc 9,7). El evangelista san Juan nos invita a creer en el Padre y en el Hijo con fuerza, sin dejar espacios para la duda, porque Jesús, que está en el seno del Padre y es Dios, nos lo ha contado, porque es el único en conocerlo y en poderlo revelar (cf. Mt 11,27). Cada uno de los cristianos católicos –sacerdotes, consagrados y laicos– nos acercamos más a Jesucristo, porque con su amor atrae hacia sí a todos los hombres y mujeres de cada generación, convoca a la Iglesia y le confía el anuncio del Evangelio con un mandato que es siempre nuevo. Nuestra certeza es Cristo, Camino, Verdad y Vida, el único Salvador. Si logramos llegar a esta entrega total, si nos dejamos llevar de la gracia y nos ponemos en sus manos con la misma convicción tan profunda como nos han enseñado los santos de todos los tiempos, también los santos de la puerta de al lado, como nos dice el Papa Francisco, nuestra fe moverá montañas, porque la confianza en Dios no defrauda y llegaremos a la experiencia que nos dice el salmista: “cuando te invoqué me escuchaste, Señor (Sal 137), nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra” (Sal 120).

La Palabra de esta semana nos ayuda a acercarnos a Dios con confianza, a comunicarnos con Él por medio de la oración sincera, aprendiendo a escucharle en lo hondo del corazón. El sentido de los textos de la Palabra de este domingo es directo, se nos pide creer en el valor de la oración. Si hacemos el ejercicio de estar con el que sabemos que nos ama, descubriremos pronto que la oración es el mejor medio para crecer en esperanza, porque: “cuando ya nadie me escucha, Dios todavía me escucha. Cuando ya no puedo hablar con ninguno, ni invocar a nadie, siempre puedo hablar con Dios. Si ya no hay nadie que pueda ayudarme –cuando se trata de una necesidad o de una expectativa que supera la capacidad humana de esperar-, Él puede ayudarme. Si me veo relegado a la extrema soledad..., sé que el que reza nunca está totalmente solo”, decía el Papa Benedicto XVI. La fe firme te lleva a hablar con Dios, a sentirlo muy dentro de ti y saber que Él quiere lo mejor, porque Él nos ha amado primero y no deja de salir a nuestro encuentro. Sentir la necesidad y la confianza para ir a nuestro Señor en el ejercicio de la oración nos viene gracias a que sentimos cercano el amor de Dios.

Evangelizar es urgente en nuestro tiempo y no podemos cruzarnos de brazos, porque sabemos que todos los problemas que sacuden a nuestra sociedad, humillándola por el peso de su débil condición, se arreglarían con una sola acción, la cual tendrá muchas ramificaciones como la semilla de la mostaza, pero que será la más eficaz, la acción necesaria y se llama: evangelización. En este día del Domund podremos recordar lo que nos decía el Papa Benedicto XVI: “no se puede encontrar a Cristo y no darlo a conocer a los demás. Por tanto, no os guardéis a Cristo para vosotros mismos. Comunicad a los demás la alegría de vuestra fe. El mundo necesita el testimonio de vuestra fe, necesita ciertamente a Dios”.

Feliz domingo.

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