Reflexiones semanales
5 de marzo 2017

La Cuaresma que Dios quiere

I domingo de Cuaresma

Celebrando el Año Jubilar de Caravaca de la Cruz, estando preparados para ponernos en camino como peregrinos hacia Cristo, Puerta de la Vida, nos disponemos a comenzar la Cuaresma, este bello tiempo de oración y penitencia donde nada nos distrae para fijar nuestra mirada en Cristo y para revisar nuestros niveles de fe, esperanza y caridad. En la memoria tenemos grabadas aún las palabras del Miércoles de Ceniza: conviértete y cree en el Evangelio. Una vez estrenada la Cuaresma hay que seguir caminando en línea y disponernos a tomar conciencia de lo que Dios nos ha dado y de lo que debemos ser de ahora en adelante, sobre todo, lo que nos dice el Papa Francisco: “el cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor”.

El mensaje principal de la Cuaresma es una conversión individual y comunitaria como tarea diaria para poder celebrar la Pascua. Convertirse es cambiar el rumbo, volver a la alianza, a la palabra de fidelidad dada al Dios verdadero, a mantenerte en su Palabra y en sus promesas. Este esfuerzo lleva consigo una sincera decisión de arrancar todo aquello que te perturba, que te quita la paz, de eliminar de la vida lo que te aparta de Dios. Ya sabemos las consecuencias de una existencia sin Dios y a dónde conduce: sufrimientos, enemistades, violencias… Si Dios no estuviera en medio de nosotros terminaríamos devorándonos, de aquí la urgencia de volver a la Alianza de Dios, a refrescar los dones que nos regala y a recuperar el optimismo propio de la vida cristiana.

En Cuaresma tenemos muchas oportunidades de entrar en el desierto, en el silencio, para vernos tal como somos, con nuestros dones y valores, así como con nuestras debilidades y tentaciones, para ello nada más recomendable que hacer como Jesús, guardar silencio para oír sólo a Dios. Aquí sacó Jesús la fuerza, de este encuentro con el Padre que le hizo capaz de vencer al tentador para afianzarse en la voluntad de Dios. Sólo la voluntad del Padre es su meta y su guía, nadie será capaz de apartarle de ella. En nuestro proceso de renovación interior siguen siendo válidos los consejos de la Iglesia: “Intensificar la vida del espíritu a través de los medios santos que la Iglesia nos ofrece: el ayuno, la oración y la limosna”, como nos escribe el Papa Francisco, pero destacando especialmente la caridad y, para ello, nos hace pensar a propósito de la parábola del rico epulón y el pobre Lázaro (cf. Pc 16,19-31). Este es su mensaje: “Dejémonos guiar por este relato tan significativo, que nos da la clave para entender cómo hemos de comportarnos para alcanzar la verdadera felicidad y la vida eterna, exhortándonos a una sincera conversión”.

Orad siempre pidiendo la gracia de la conversión personal y comunitaria, y no dejéis de oír la Palabra de Dios, porque la Palabra tiene poder para edificarnos en la santidad. Caminemos como peregrinos de esperanza y caridad de la mano de la Santísima Virgen María, Nuestra Madre. Os bendice

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