Reflexiones semanales
28 de enero 2018

Jesús enseña con autoridad

III domingo del Tiempo Ordinario

En el texto del Evangelio de este domingo, podemos escuchar otra de las narraciones donde se resalta la figura de Jesús y la fuerza de su predicación, cosa que lleva a la admiración a la gente que le rodea; también sucede lo mismo cuando son testigos de los signos que hace y se quedan estupefactos. Ante la palabra y los signos se pregunta este pueblo que de dónde le viene esa autoridad a Jesús, pues enseña mejor que los letrados, se le entiende mucho más que a ellos y, para colmo, hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen… No cabe duda que la persona del Señor ha despertado un gran interés entre todos estos hombres y mujeres, que andan por la vida desnortados. Han sido testigos de la acción de Jesús frente al espíritu inmundo, cómo el Señor es el que da las órdenes con autoridad y el espíritu inmundo obedece. A partir de este momento le han abierto su corazón a Jesús y se acercarán a la gracia y a la misericordia de Dios, porque lo sienten cercano y con poder sobre las fuerzas del mal. Nuestro Señor ha iluminado la vida de estas personas, les ha ayudado a abrir sus mentes hacia Dios, porque les ha hecho ver que la esperanza y la salvación también es posible para ellos. Los presentes en estos acontecimientos sacaron inmediatamente una conclusión: Que Jesús sana y conforta al que confía en Él. Pero, además, han visto que tiene poder para entrar en sus propias vidas cerradas y abrir las puertas de su interior, las de las estancias más hondas del ser donde colocaron todo aquello que les atormenta, para que entre la luz de la presencia de Dios y les conceda el descanso.

Los primeros versículos de la lectura del Libro del Deuteronomio tienen un sabor de tipo profético y están anunciando lo que los contemporáneos de Jesús están viendo y oyendo: La Palabra cumplida. Se refieren al papel que está haciendo Jesucristo en la Historia de la Salvación. En el texto dice Moisés así: "El Señor, tu Dios, suscitará en medio de tus hermanos un profeta como yo; a él lo escucharéis". Es impresionante observar con qué sencillez hace las cosas Dios. Ya hemos escuchado en el Evangelio cómo la gente se queda admirada de las palabras de gracia que salen de la boca de Jesús y cómo se maravillan de su poder. Esto, al comienzo de la vida pública de Jesús, nos está indicando que se ha cumplido la profecía, que se le está escuchando ya y que le han abierto el corazón de par en par. Entonces está clara cuál es la tarea profética de Jesús, no la de adivinar el futuro, sino la del que viene en nombre del Señor para hablar de la voluntad de Dios y de la presencia de Dios en medio de nosotros.

La Palabra de Dios nos abre muchas posibilidades para entender cuál es nuestro papel en el mundo y cómo debemos actuar; en primer lugar, fijándonos en Cristo para hacer las cosas como Él. Dios sale a tu encuentro para que te comprometas en la Historia de la Salvación, para que comuniques la grandeza de su amor y su santidad a la humanidad, que sufre por el desgarro que se está haciendo cuando el hombre se está alejando. Pregúntate por dónde debes comenzar tu tarea profética, búscala tú mismo donde se haya oscurecido la fe, donde le hayan cerrado la puerta a Dios… y enciende allá la luz de la esperanza para que vuelvan su rostro al Señor y contemplen su gloria. Podrías comenzar en tu propia casa. ¡Habla sin miedo, que eres un profeta!

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