Reflexiones semanales
30 de julio 2017

¡Feliz descanso!

XVIII domingo del Tiempo Ordinario

Llegados a estas fechas del verano se deja de publicar el comentario a la Palabra que esta Diócesis de Cartagena ofrece todas las semanas. También en este año cumpliremos la costumbre. El verano tiene sus peculiaridades, entre otras la del merecido descanso de todos los que llevan adelante nuestros medios de comunicación, a los que nunca podremos dejar de dar las gracias. Volveremos a estar aquí con todos vosotros el primer domingo del mes de septiembre. Pero terminar el curso de esta manera tan sosa, no me parece interesante y me dije: ¿Por qué no ofrecer algún adelanto del próximo curso? Pues, venga.

Comencemos por escuchar al profeta Jeremías que nos da la clave para los tiempos que vivimos: “Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza: será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto” (Jer 17, 7-8). En este texto se resalta que el fundamento de nuestra vida es Dios y que es preciso echar raíces en Él, pero para aferrarnos a Cristo, como explica San Pablo a los Colosenses (Col 2,7), hay que recorrer todos los días un camino espiritual de plenitud y de fe verdadera con vínculos firmes, como pueden ser la escucha de la Palabra, un encuentro diario con Él en la oración, en los sacramentos y en la vivencia de la caridad. En definitiva, se trata de una experiencia mística con Dios, es decir, una experiencia personal, familiar, íntima, de encuentro con Dios vivo y verdadero. Teniendo esto como base de nuestro trabajo pastoral y siguiendo nuestro Plan de Pastoral para este segundo año, 2017-2018, nuestro objetivo es el de un camino de perfección: Enraizados en Cristo. Venid y lo veréis (Jn. 1,39). Para favorecer este proyecto propondremos durante este curso una relación personal e inmediata con Dios con las mediaciones necesarias que nos ayuden a acercarnos más a su corazón misericordioso.

Ya estamos en pleno verano y se producen muchas ocasiones para poder percibir la grandeza de Dios en las múltiples actividades en las que se participan, desde el descanso en la montaña o en el campo, en los viajes, excursiones, convivencias o campamentos, siempre hay tiempo para pensar, y para convertirse. Lo cierto es que dentro de poco vendrá la vida ordinaria, tanto para los que han disfrutado de vacaciones, como para los que no han podido, porque la vida sigue. Os propongo en estos días de descanso que sigamos pidiendo al Señor que nos mande jóvenes generosos que quieran seguir a Jesús en una vida consagrada, porque la vocación sacerdotal es cosa de todos y nos debemos responsabilizar todos, sin excepción, invocando a Dios. Es posible que muchos no vean el ambiente propicio para invitar a los jóvenes a seguir a Cristo, porque piensan que no están las cosas para esto y que rechazarán la oferta con facilidad... No conviene dejarse llevar por estas impresiones subjetivas, porque Dios es grande y llega más hondo que cualquiera de nosotros al corazón de los jóvenes y Él es capaz de orientar su camino a la generosidad del servicio a los hermanos. Ahora más que nunca conviene recordar las palabras de Jesús: ¡No tengáis miedo!

Que Dios os conceda un feliz verano.

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