Reflexiones semanales
13 de octubre 2019

El Señor nos regala la salvación

XXVIII domingo del Tiempo Ordinario

¡Cuántas señales nos sigue dando Dios para que lo veamos cercano y presente en nuestra vida! Él no se cansa de ofrecernos la salvación como el mayor de los regalos, ¿no lo notáis? Dios quiere que todo el mundo llegue al conocimiento de la verdad y se salve, por eso nos pide “oídos abiertos” para escuchar su voz, la voz del compasivo y misericordioso. El Papa Francisco nos pide que no tengamos miedo a afinar el oído, que mantengamos el corazón sencillo, puro, sin suciedad, porque un corazón que vigila y sabe amar no deja que entre en él nada que atente contra el amor, ni que lo ponga en riesgo.

Ya sabemos que en el mundo en el que vivimos existen demasiadas dificultades para escuchar, hay demasiado ruido que impide oír con claridad la voluntad de Dios. Se nos recomienda hacer silencio interior para atender lo que es verdaderamente importante y valioso, para contemplar el misterio de la presencia de Dios y disfrutarlo en silencio, dice el Papa. Cuando uno mira cara a cara al Señor se apagan los rumores y los chismes, sólo tiene paso franco la voz de Dios que resuena en el silencio y sientes su poder salvador, sabes que puedes gritarle, como los leprosos del Evangelio: “Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros”, y, luego, quedas limpio. ¿Te has planteado que tú mismo podrías ser ese mensajero de buenas nuevas, un testigo de Jesús, para indicar a todos los que te rodean dónde encontrar al que nos cura? Si hemos aprendido a mantener los oídos abiertos, como los de Jesús, también tendremos la oportunidad de oír los lamentos y las necesidades de los hermanos, reconoceremos los planteamientos de la realidad que nos rodea y que nos desafía siempre con formas inesperadas, y tendremos muy presentes los clamores de la humanidad. El centinela que está en vigilia, en actitud de escucha, tiene la libertad de ponerse a disposición de quien lo necesite, de tender la mano a los afligidos, a los desconsolados o doloridos.

¡Qué hermoso detalle de esperanza vemos en el Evangelio! Los leprosos le hacen caso a Jesús y se ponen en camino hacia los sacerdotes sabiendo que todavía estaban enfermos, pero se fían; también hay otra lección, y es que de Jesús te puedes fiar, porque cumple su palabra, ya que mientras iban de camino se curaron. No se desentiende de tus necesidades, al contrario, antes de que le necesites ya está cerca de ti. El evangelista repara en algo sencillo, pero importante, que sólo uno, de entre los diez, se acercó a Jesús para agradecerle la curación, precisamente era el único samaritano del grupo, ya que los demás eran judíos. Tenemos que anotar el dato, porque en estos tiempos existe una especial sensibilidad en nuestra sociedad y nos hacemos jueces de personas y acontecimientos con demasiada facilidad. Fijaos en el dato: El Señor pone como ejemplo de agradecimiento y de buena persona a un extranjero, a uno que no era de los de su pueblo. Otra lección, el Señor ofrece la curación y la salvación a toda persona, sea de la nación que sea, porque su corazón no tiene fronteras.

Os propongo imitar al samaritano para volver el rostro a Jesús y darle gracias por todo lo recibido, por el don de la vida y por el don de la fe. Todo lo que hemos recibido ha sido un regalo, fruto de la benevolencia de Dios.

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