Reflexiones semanales
17 de noviembre 2019

El Señor llega para regir los pueblos con rectitud

domingo del Tiempo Ordinario

Desde el comienzo de la celebración de este domingo, casi ya al final del ciclo litúrgico, se conoce por dónde van las advertencias que nos hace el Señor. Que hay dificultades todos los días, ya lo sabemos; nos habla la Palabra de preanuncio de guerras, revoluciones, cataclismos cósmicos, persecuciones de todo tipo… siempre han pasado, tenemos noticia de estas cosas y también de las violencias o falta de paz, pero los acentos van por otro lado. En las lecturas se nos invita a seguir sin desanimarnos, a mantenernos sin desfallecer con la confianza puesta en el Señor, en sus palabras, a no perder la calma, aunque estemos rodeados del fuego devorador de la injusticia y del pecado. Todo se puede hundir bajo nuestros pies, pero el Señor nos dice que no perdamos la fe, que nos acordemos de sus palabras y sus promesas: “Yo vivo y también vosotros viviréis” (Jn 14, 19).

La intención de los textos no es asustar a nadie, porque dejan muy claro que el Señor ha vencido la muerte y el pecado y nos ha liberado por su resurrección abriendo el acceso a la Vida Nueva. Jesucristo da señales, ofrece seguridades, nos mira y nos anima a permanecer, porque su triunfo es patente, no es su intención asustarnos, ni que creamos que estamos en el reinado del caos; lo que nos pide el Señor es tomar conciencia de la seguridad que nos da su victoria, de que tenemos que entregarnos de verdad a Él con serenidad, desde la verdad y confianza, pero con total fidelidad. Nada de miedos, que si vamos de la mano de Dios no nos pasará nada. Es importante vivir de cara a Dios, escuchando su voluntad y haciendo el bien, no sea que cuando nos presentemos ante Él nos diga: “no te conozco” (cfr. Mt 25,12).

No nos espera un final sombrío, porque el Señor es el que va abriendo caminos y está por encima de todo y de todos, pero eso sí, nos pide firmeza de fe y mantenernos en pie ante las adversidades o persecuciones, que las habrá. Recordemos que somos personas de esperanza, porque estamos cimentados en su Palabra y sabemos que Jesús nos cuida. Ahora es tiempo de recordar lo que nos dijo: que “ni un solo cabello de nuestra cabeza perecerá” (Lc 21,18). Hay que perseverar, hermanos, teniendo paciencia y no dejando que nadie nos inquiete, aunque veamos que el mundo se destruye bajo los pies, porque la fuente de nuestra seguridad no son los chismes, los intereses creados de nadie, las ideologías… Nosotros estamos en la verdad y ya hemos escuchado al evangelista decir que “con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”. Bajo el amparo de Dios estamos, no hay que temer nada y sabiendo que Dios está con nosotros podemos estar alegres. Esta es la paradoja para el mundo que se hunde en la tristeza y no entiende por qué un cristiano puede estar alegre. Le falta la fe, le falta Dios.

En este domingo celebramos también el día del pobre, los porteros del cielo, como los ha definido el Papa Francisco. La Iglesia nos invita a tomar conciencia de su existencia y de la necesidad de la caridad.

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