Reflexiones semanales
16 de junio 2019

El misterio trinitario está en el centro de la fe cristiana

Santísima Trinidad

Este domingo es tiempo de acción de gracias y de recuperar esperanzas, porque Dios se nos muestra cercano y con su rostro más resplandeciente. El Señor, que pensó con amor en nosotros y nos ha puesto en un paraíso, no está lejos; el Dios que nos ha dado todas las posibilidades de crecimiento, desarrollo y responsabilidad no está ausente, ni se ha desentendido de su obra maestra. El Padre Dios ha montado, por pura misericordia, una Historia de Salvación. La belleza de la Historia de la Salvación se percibe en el amor derrochado, le hemos costado muy caro a Dios, que ha permitido la muerte de su Hijo Jesús, que acampó en medio de nosotros, haciéndose uno de tantos y enseñándonos a amar de verdad.

El texto de la Sagrada Escritura que puede resumir mejor el misterio de la Santísima Trinidad es bastante sencillo: “Dios es amor” (1Jn 4, 8.16). El Nuevo Testamento, siguiendo el rastro de toda la experiencia de fe desde los libros del Antiguo Testamento nos muestra el designio salvífico de Dios Padre, realizado mediante el Hijo en el Espíritu Santo, y la Iglesia, a partir de los acontecimientos de presencia y acción de Dios en nuestra historia, ha llegado a la formulación de su fe en un solo Dios en tres Personas, aunque sabe que las diversas imágenes de la Trinidad que podemos descubrir en la realidad creada y en particular en el hombre no pueden interpretarse como explicaciones exhaustivas que agoten el misterio. El misterio trinitario está en el centro de la fe cristiana.

Muchos, para comprender mejor el misterio de la Santísima Trinidad acuden a lo que se suele llamar la teología económica, la acción de cada una de las Personas divinas en la Historia de la Salvación, la creación, redención y santificación. Hay que ir un poco más al fundamento y preguntarse, ¿qué es Dios en sí mismo? Lo que Dios ha hecho, nos invita a pensar en lo que Dios es. Dios es amor, no sólo porque sale de sí para crear, sino porque es amor en sí mismo. Contemplar la Historia de la Salvación es la mejor vía para que nuestros sentidos se acerquen a la grandeza de este misterio de amor.

En este día muchas órdenes religiosas renuevan su consagración total y definitiva a Dios, le vuelven a decir al Señor que les siga dando la fuerza necesaria para no decaer en su voluntad de ofrecerse, de entregarse para siempre. Una mención especial para las órdenes contemplativas, para las religiosas de vida monástica que nos enseñáis que el amor sí es posible, que el verdadero amor de entrega mantiene abiertas las puertas de la esperanza y del futuro, que el amor verdadero genera alegría y paz, que el amor une a las personas y las hace libres en el mutuo respeto.

A vosotras, hermanas de los conventos de clausura de nuestra Diócesis: gracias. Os queremos y os necesitamos, vuestra vida es la seguridad de que nos encomendáis a Nuestro Señor, tened por seguro que hoy seremos nosotros los que rezaremos por todas vosotras y pediremos que abra los ojos a cuantas chicas mejor para que descubran la fuente del verdadero amor, que descubran a Dios y no tengan miedo de decirle un “sí” muy grande. Feliz domingo.

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