Reflexiones semanales
25 de octubre 2020

El mandamiento supremo

XXX domingo del Tiempo Ordinario

Veremos en las lecturas de la Palabra de Dios de esta semana que el amor es la mejor respuesta, tanto a Dios, que es el que nos ha amado primero y nos ofrece siempre su cercanía y amistad, como a los hermanos, porque el amor a Dios nos lleva necesariamente a amar al prójimo. El mayor ejemplo que tenemos los cristianos es el de Cristo, que nos ha enseñado a amar hasta el extremo, hasta derramar la última gota de sangre por amor. Cristo es nuestro Señor y Maestro, es nuestro Salvador y de Él aprendemos a amar a Dios, a entregarnos sin reservas, con coraje y valentía, dando la cara por nuestra fe, con alegría y sencillez.

La verdad del amor a Dios la comprobamos si amamos a los hermanos. Sí, ha sido Jesús quien nos ha enseñado hasta dónde llega el verdadero amor, más allá de la familia, de los amigos o conocidos, el amor de Nuestro Señor es un amor entregado, de compasión por cualquier persona, especialmente por los necesitados, sanos o enfermos, de cerca o de lejos. Nunca se habla de dos mandamientos, sino de uno solo y único. El amor al prójimo es fruto del amor a Dios y el amor a Dios es la respuesta a la gracia del don de la revelación. Dios es la fuente de todo amor. El que ama al prójimo ama siempre a Dios; el que ama a Dios no puede no amar al prójimo. Amor a Dios y amor al prójimo son inseparables.

La Palabra de Dios nos ayuda a actualizar este compromiso siempre, nos urge a una verdadera conversión todos los días para saber dónde están nuestros centros de interés. La Palabra nos está abriendo a un tiempo de conversión, por eso, debemos repasar nuestras vidas, nuestras comunidades, parroquias o grupos y ver quién es el que mueve. Puede que nos llevemos una sorpresa y comprobemos que estamos sometidos a las presiones de los “salvadores” del mundo, a la sociedad de consumo, a las ideologías, la fama, el dinero, el poder. Abre los ojos y dime ¿dónde está Dios o tu prójimo?, ¿no hay marginación y pobreza a tu alrededor?, ¿qué mensajes captan mejor los hombres de nuestro tiempo, los de Dios o los de este mundo sofisticado, lleno de lujos y mentiras que ofrecen paraísos? Es evidente que las colas en las administraciones de loterías, el crecimiento de las casas de apuestas y ludopatías, etc., nos están hablando a gritos de cuales son las preferencias de nuestra sociedad. Todavía estamos a tiempo de mirar a Cristo, para poder verle la cara de los hermanos que tengo junto a mí y desarrollar la virtud moral y actitud social de la solidaridad, como fruto de la conversión personal, como dice el Papa Francisco en su encíclica Fratelli Tutti.

Quien conoce a Dios sentirá la necesidad de actuar como Él, cercano y misericordioso con todos. El ejemplo de los tesalonicenses, que nos ofrece san Pablo, es de destacar. Dice san Pablo que ellos recibieron la Palabra y la acogieron, se convirtieron, abandonando los ídolos, se agarraron a la cruz de Cristo y a los frutos de la resurrección, llegando a ser un modelo para todos en medio de las pruebas. Pido a Dios que nos conceda a todos la clarividencia para alcanzar esta gracia y que nuestra conversión sincera nos acerque a Dios y a los hermanos.

Feliz domingo.

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