Reflexiones semanales
10 de febrero 2019

El Maestro te llama

V domingo del Tiempo Ordinario

Jesús pasa otra vez junto a ti y entra en diálogo contigo, sus palabras calan hasta lo hondo del ser, porque te llama a algo, te pide que estés atento, que te pongas en camino y que le sigas… Otra cosa es la respuesta que tú le des, lo dispuesto que te encuentres a responder a Dios. En la primera lectura nos ofrece muchas pistas el profeta Isaías de su propia experiencia cuando sintió la llamada de Dios. Por una parte, ha visto la gloria y la grandeza del Altísimo, y por otra, él mismo no podía contener el temblor de piernas al sentir su pequeñez, porque no se veía digno de tal regalo, pero una brisa suave de misericordia le confortó y le dio seguridad al verse acogido, querido y enviado por Dios a anunciarle. Así es Dios, abre de par en par la puerta de su corazón para que lo sintamos cercano y es tanta la alegría de esta gracia que te dan ganas de cantar con el salmista: “Daré gracias a tu nombre por tu misericordia y tu lealtad. Cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma” (Sal 137, 2b-3). Al final, el profeta se siente llamado para la misión que se le encomienda y dispuesto a responder afirmativamente: Aquí estoy yo, envíame.

El Evangelio de San Lucas nos sitúa a Jesús en un contexto con gente y discípulos, nada extraño, porque en este ámbito se estuvo moviendo el Señor durante su vida pública, aunque ahora está en el comienzo de la misma y las relaciones con los discípulos comienzan a dar los primeros pasos de encuentro, madurando la decisión de seguirle definitivamente. El evangelista se ha detenido en dos cosas, en la predicación a la gente que le seguía desde una barca y, en segundo lugar, en la escena de la pesca milagrosa.

Para Dios no hay dificultades tan grandes que no las pueda resolver, por eso utiliza el mejor púlpito del mundo en ese momento, todos le pueden ver y oír y nunca faltará una mediación para que Dios se pueda comunicar contigo. La gracia y la fuerza de Dios está presente, delante de tus ojos, para que puedas reconocer al Salvador, nadie te lo va a impedir, porque Dios se hace cercano, próximo y habla al corazón. Esta es la eficacia de la Palabra de Dios, ahora sólo queda tu respuesta, se espera tu decisión, que seas capaz de limpiar todas las resistencias interiores y fiarte de la Palabra de gracia que sale de los labios de Jesús. Dios te ha facilitado la oportunidad, ahora queda tu repuesta de confianza, de fiarte de Dios.

El segundo momento que narra el evangelista es un paso más, una situación más complicada, pero que Jesús resuelve pronto y deja boquiabiertos a los duros pescadores del mar de Galilea. Estos hombres estuvieron toda la noche bregando y no habían conseguido nada, lo tomaron como tiempo perdido y ya estaban de retirada. Es entonces cuando Jesús les planteó un reto, volver a la mar a pescar, se trata de vencer el imposible que les devolvió a la orilla. Y lo grande fue que obedecieron. Su obediencia les hizo ver el poder de Jesús y cómo cambian las cosas con sólo su palabra. Han descubierto que para Jesús ya no hay “imposibles”, que los vence con sólo su palabra. El resultado fue que estas personas crecieron en la fe y en la confianza en Dios. La lección que aprendieron fue tan grande y los resultados tan excelentes, que a partir de entonces les confió Jesús ser pescadores de hombres.

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