Reflexiones semanales
17 de mayo 2020

El Espíritu de la Verdad

VII domingo de Pascua

La Palabra de Dios de este domingo nos habla de estar prontos para dar razón de nuestra esperanza ayudados por la fuerza del Espíritu de la Verdad, que nos anima a guardar los mandamientos y a estar cerca de la voluntad de Dios. El Espíritu Santo tiene una tarea esencial en la Historia de la Salvación, es el que sale a nuestro encuentro para fortalecer nuestra decisión de ser santos, de buscar a Dios y de predicar el Evangelio; es el defensor que nos protege y nos robustece en la fe. El Espíritu nos anima y nos empuja a hablar de Jesús, a ser sus testigos y llevar la Palabra hasta los confines de la tierra; es el que nos da el coraje para dejar de tener miedo.

Después de la experiencia vivida bajo el temor de los contagios a causa de la pandemia del Covid-19 y la presión de nuestra debilidad, aunque nos creamos el centro del mundo, debemos ser sinceros con nosotros mismos e ir a buscar a quien sostiene nuestra vida y no al que nos entretiene con juegos malabares. El domingo pasado pudimos escuchar en la Palabra que Cristo es el camino, la verdad y la vida, ¿qué necesitamos más? Es necesario redescubrir nuestra tarea en la Iglesia y en el mundo, es preciso dar un paso adelante y salir a proclamar el Reino de Dios, comunicar a todos la salvación que ofrece el Señor, su Palabra que es capaz de edificar en nosotros la santidad. Esta actividad no la podemos hacer solos, porque se necesita valentía, coraje, intrepidez, saber olvidarnos de nosotros mismos, porque sabemos que somos débiles y frágiles. El que ayuda a los discípulos en esta tarea apostólica es el Espíritu Santo, Él es quien nos guía en la labor misionera y apostólica y es el que mantiene vivas en cada uno las condiciones de un apóstol de Cristo. Predicar no es imponer la fe a nadie, es ayudar a la gente a descubrir la grandeza del amor de Dios y su corazón misericordioso. El que va en el nombre del Señor, lo hace con humildad y sencillez, con dulzura y respeto, con amabilidad, pero con decisión para decir a cada uno lo que se le debe decir. Así nos lo describe san Pablo, dando ejemplo de su proceder, y nos dice que él no se ha acobardado nunca de decir lo que debía (Ac 20,20). No hay que buscar fórmulas sofisticadas, ni tampoco apuntarse a clases particulares para adquirir las condiciones, solo debes ponerte a la escucha del Espíritu Santo, porque es el que te hará descubrir esa seguridad para hablar, es el que te dará la "santa audacia", que permite al apóstol seguir hablando, sin preocuparse de las dificultades que la franqueza le pueda ocasionar.

El tiempo de Pascua nos introduce en una dinámica de alabanza a Dios y de esperanza, y conviene potenciar la oración y el encuentro con el Señor en la Eucaristía para poder decir a voz en grito quién es la fuente de tus alegrías. Recuerdo cómo el papa Benedicto XVI les decía a los jóvenes seminaristas que la verdadera realidad está en Cristo, pero que no se descuiden, que abran bien los ojos, porque el poder destructivo del mal permanece y las tinieblas empañan la vida de muchos. Acude a Jesús, que ha vencido a la muerte, y su victoria sobre el pecado y la muerte es el motivo de tu esperanza. La esencia de nuestra esperanza la explica el papa así: “Es el descubrimiento de Alguien que jamás nos traiciona; de Alguien del que siempre podemos fiarnos. Buscando la verdad llegamos a vivir basados en la fe porque, en definitiva, la verdad es una persona: Jesucristo”.

Creo que tenemos motivos sobrados para confiar, así que os encomiendo a la acción del Espíritu Santo y rezo para que no os falte nunca la confianza. Dios os bendiga.

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