Reflexiones semanales
6 de mayo 2018

El amor es el mandamiento siempre nuevo

VI domingo de Pascua

El tema no quedó zanjado la semana pasada, es tan importante, que la liturgia vuelve a plantearlo para nuestra reflexión. Es el tema del amor, el de permanecer unidos a Cristo. Hoy se amplía aún más el significado de las palabras del Señor porque escucharemos, en esta selección de lecturas de San Juan, que permanecer en su amor es sinónimo de observar sus mandamientos; de otra manera, a lo que se nos invita es a participar de su misma alegría, es decir: Jesús permanece en la caridad del Padre y es una sola cosa con Él porque acoge, ama y realiza plenamente su voluntad, hasta dar la vida por todos nosotros. Eso mismo es lo que nos recuerda San Pablo en la carta a los Filipenses, que Jesús “se hizo obediente hasta la muerte y una muerte de Cruz. Por eso Dios lo exaltó…” (Flp 2). Esta unidad con el Padre es el fundamento de la alegría del Hijo. A esta alegría nos llama Jesús.

El amor es la característica esencial de los cristianos. Este mismo es el Amor que ha colmado toda la vida de Santa Teresita de Jesús, desde la infancia hasta su muerte. Para esta santa, el amor sólo tiene un Rostro, solo tiene un Nombre, ¡es Jesús! Si Jesús dice que el que le ama guardará su Palabra es evidente que está planteando una adhesión especial, que se amplía aún más cuando abre el horizonte hacia el Padre, desvelándonos que harán morada en nosotros. La razón es el amor. El Padre, por amor, ha entregado a su propio Hijo, primero en la Encarnación y, luego, en su Pasión y Muerte, así que si después de la Resurrección hace morada en nosotros será otro acto de especial amor para los cristianos. Jesús habita en el corazón de cada hombre para hacerle capaz de amar de verdad y el hombre, amando, se abre cada vez más a Dios, porque ha escuchado en lo hondo de su ser esto: El amor es vuestra fuerza, el amor es vuestra identidad; debéis amar siempre, sin otra medida que ésta, “como yo os he amado”. El incrédulo no puede tener esta experiencia, porque se ha separado de la fuente de la vida, porque se ha negado a escuchar a quien le ofrece gratuitamente la salvación, cerrándole las puertas, eso mismo les impidió a fariseos y escribas reconocer el amor de Dios.

Lo que afirma San Juan de la Cruz nos ayudará a plantearnos las cosas y tomar en serio nuestra vida creyente: “La fe y el amor serán los lazarillos que te llevarán a Dios por donde tú no sabes ir. La fe son los pies que llevan a Dios al alma. El amor es el orientador que la encamina” (Cántico espiritual, 1,11). La fe y el amor, tan sencillo, tan contundente. Con esta rotundidad lo leemos en el Catecismo: “La fe en el amor de Dios encierra la llamada y la obligación de responder a la caridad divina mediante un amor sincero” (CIC. 2093). Pero como Dios nos conoce y sabe de nuestra debilidad y de la lentitud para tomar decisiones, a causa de nuestros miedos o intereses personales, nos ha enviado al Defensor, al Espíritu Santo, que será “quien nos lo enseñe todo y nos lo vaya recordando”.

Rememorad que la adhesión total a Jesús nos permite rebosar de alegría, todo un regalo de Dios, porque es como desearte la alegría de Jesús Resucitado. El amor abre un diálogo hermoso con Dios, es la respuesta al amor que Él nos tiene.

Feliz domingo.

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