Reflexiones semanales
10 de abril 2022

Domingo de palmas y olivos

Domingo de Ramos

Entre palmas y olivos entramos en la Semana de Pasión de Nuestro Señor, ¡cómo me recuerda esto el salmo 42!: «Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío; mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?». Esta semana tiene que ser muy especial para todos nosotros, porque la hemos estado esperando con una preparación larga y nuestra alma de creyentes tiene ya sed de Dios, de participar en este gran misterio de amor. Jesús la ha preparado con sumo cuidado, sin hacer ruido, con la misma humildad que ha pasado por la historia, construyendo, pieza a pieza, el modelo más sublime de obediencia al Padre, con un especial amor fiel y entregado, poniéndose de cara a la voluntad del Padre. ¡Está comenzando el tiempo de nuestra redención! Esta semana veremos momentos de dolor y humillación, de fidelidad a la voluntad del Padre, de triunfo y de gloria. En la liturgia de este domingo se mezclan los cantos, la alegría y las alabanzas a Jesús, con los gritos de la gente, el dolor y la Pasión de Nuestro Señor. Aquello nos llena de gozo, pero esto nos desgarra el corazón.

No podemos olvidar que aquel Domingo de Ramos no fue el único, porque aún hoy se repite la misma escena en nuestros días, hoy somos nosotros mismos los que portamos ramas de olivo y palmas en nuestras manos cantando el «Hosanna al Hijo de David». En el salmo 42 escuchamos esta historia cumplida: «Recuerdo otros tiempos… cómo entraba en el recinto santo, cómo avanzaba hacia la casa de Dios entre cantos de júbilo y alabanza, en el bullicio de la fiesta» (v.5). El salmista nos consuela porque abre una puerta a la esperanza y termina diciéndonos: «¿Por qué te acongojas, alma mía, por qué gimes dentro de mí? Espera en Dios, que volverás a alabarlo: Salud de mi rostro, Dios mío» (v.12).

Comenzamos este domingo de palmas y olivos proclamando la Pasión de Nuestro Señor, pero la liturgia nos ayuda a conocer ya la meta, que es la resurrección. El Señor nos pide que le acompañemos con confianza y que no temamos. Será necesario saber escuchar, especialmente desde el Jueves Santo hasta la Vigilia Pascual y el Domingo de Resurrección. Pasaremos por el momento doloroso de la cruz en el Viernes Santo, pero hay que seguir escuchando, porque se nos explicará que van unidas la pasión y la resurrección: «Lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen, y al tercer día resucitará». Las lecturas nos muestran la seriedad del dolor de Cristo, y de su aceptación de la cruz, pero también, que Jesús conocía su suerte y la aceptó por amor, que su aventura de dolor no solamente está seguida por el gozo, sino que ya lo contiene en sí. Jesús nos lo ha dicho antes muchas veces, recordad la Última Cena, cuando dijo a sus Apóstoles: «Vosotros os entristeceréis, pero vuestra tristeza se cambiará en alegría» (Jn 16,20). Cristo, sometiéndose a la muerte, será exaltado sobre todo nombre.

Debemos prestar atención a la ternura de sus miradas, a los consejos para el alma, a sus manos extendidas y a su vida ofrecida; fíjate cómo acepta el dolor de la pasión con gozosa serenidad, su aplomo y su paz interior, es que sus ojos no han dejado de mirar al Padre.

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