Reflexiones semanales
26 de febrero 2017

Dios es fiel

VIII domingo del Tiempo Ordinario

La condición humana siempre sale a relucir moviéndose entre la desconfianza y la esperanza, entre quejas y lamentos, pero necesita ir adelante. Esta misma experiencia se manifiesta en la primera lectura de este domingo. ¿Tanto nos cuesta a los hombres fiarnos de Dios a pesar de tantos signos de su presencia y de su cuidado? En el contexto de donde está tomado este texto de Isaías hay muchas razones para confiar, para ver cómo Dios lleva de su mano a su pueblo y le protege, pero no se resiste a criticar a Dios, la ingratitud de este pueblo es grande, se queja como si lo hubiera abandonado, como si se hubiera olvidado de él. ¡Qué gran paciencia y serenidad demuestra Dios siempre, pero más en estos casos! Y ahí le tienes consolando de nuevo a su pueblo con una ternura fuera de lo común: Su amor por su pueblo es más grande, más tierno, más cuidadoso y más constante que el amor de una madre por su hijo. Dios recurre al amor materno, porque este es el lenguaje que entiende su pueblo sufriente. En el versículo anterior al del texto de hoy aparece una exaltación de la grandeza del cuidado de Dios: “Exulta, cielo; alégrate, tierra; romped a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de los desamparados” (v. 13). Pero Dios es fiel y está cerca de los suyos. Esto es lo que canta el salmista, es la oración hecha alabanza del que se sentía abatido y ahora descansa por la feliz idea de haberse refugiado en Dios: “Sólo Dios es mi roca y mi salvación, mi alcázar: no vacilaré”. Al mismo San Pablo le han criticado en la comunidad de Corinto, pero él se defiende remitiéndose a Cristo, donde él está asentado, el que da sentido a toda su labor evangelizadora.

En el evangelio de San Mateo se nos pide la plena confianza en Dios: no andéis preocupados, confiad, que Dios no abandona a los suyos, que Él es fiel y está volcado con nosotros, ved que no se muestra riguroso o inicuo, sino que es un Padre bueno, es nuestro Padre fiel, justo y compasivo.

Estar cerca de Jesucristo nos da seguridad, aunque estemos pasando por la tormenta en el mar de la vida, pero sabemos que ahí está el Señor, que no nos tenga que decir: ¡hombres de poca fe! Esta situación por la que pasaron los discípulos en el mar de Galilea nos está diciendo que cuando nuestra fe está apagada, comienzan los miedos y temores, porque nuestra mirada está pendiente de otras cosas que no pueden salvar y te sientes inseguro, pero si sabes que Cristo está contigo y le sientes, entonces estás seguro, porque calmará la tormenta con su sola palabra. En el texto de hoy se resalta la necesidad de confiar con sencillez en la Palabra de Dios, del que cuida de las criaturas que a nadie les importa, de las que pasan de largo, de los gorriones y de las flores, pero Dios es fiel. ¿No va a cuidar de nosotros que nos hizo a su imagen y semejanza, que nos ha hecho hijos suyos?

Ten confianza, que Dios sabe dónde vives y qué necesitas y sale a tu encuentro mucho antes de que le llames. Por eso es comprensible que en la predicación de Jesús deje entrever que no tengas miedo, que tengas la serenidad necesaria para mirar a Jesús, que va en la misma barca, y basta. Él sabe lo que tiene que hacer, por una razón, porque nos quiere. Vosotros preocuparos sólo de buscar el reino de Dios y su justicia, que lo demás se os dará por añadidura.

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