Reflexiones semanales
2 de junio 2019

Dios es fiel y permanece con nosotros

VIII domingo de Pascua

En la solemnidad de la Ascensión de Nuestro Señor no celebramos una despedida, sino la fiesta de la presencia, porque Jesús nos dice que permanece con nosotros, que es fiel. A esto mismo nos urge san Agustín cuando dice: “Nuestro Señor Jesucristo ascendió al cielo tal día como hoy; que nuestro corazón ascienda también con Él (…). No se alejó del cielo, cuando descendió hasta nosotros; ni de nosotros, cuando regresó hasta el cielo”. En la Ascensión del Señor a los cielos nos ha quedado claro a todos los fieles la importancia del testimonio, de la necesidad de la misión, de anunciarle siempre. El ejemplo de san Pablo nos viene bien, su testimonio es realista ya que nos advierte de los problemas y de las seducciones que nos rodean. San Pablo es el ejemplo de un cristiano que ha optado radicalmente por la entrega a la misión con todas las consecuencias y nos dice que prefiere ser antes prisionero del Espíritu, que de sus enemigos. Aprendamos esta lección, escuchemos el testimonio de los testigos y revitalicemos el ánimo para dar a conocer a nuestro Señor y Salvador. Para los que se estén preguntando por dónde empezar, pueden mirar a su alrededor y ver en este domingo a tantos niños acercarse a la Mesa del Señor en su Primera Comunión y recordar la gran responsabilidad de la formación en la fe de sus hijos y cuidar su estilo de creyentes, porque también los niños pueden hablar de Dios y ser misioneros con espíritu en su ambiente. En consecuencia, aprovecho para recordar la necesidad de que asistan a la clase de Religión para adquirir una cultura cristiana.

En este momento no penséis que ya estamos solos, no, que el Señor se ha cuidado de alimentar nuestra esperanza diciéndonos que estará cerca. Recordad que Jesucristo prometió el Espíritu Santo a todos los que crean en Él (Jn 7,39; 20,22; Ac 2,33), es lo que leemos en el Evangelio de san Juan, que Cristo mismo envía el Espíritu para que permanezca en los discípulos y así den testimonio (Jn 14,16-17). En los textos de la Palabra se destacan dos notas de Jesús: su fidelidad y el mantener la palabra dada, pero el Señor nos conoce y sabe de nuestras debilidades, por eso, en la Ascensión insiste en decirnos que no nos dejará solos, que su compromiso es fiel y nos promete al Paráclito, al Espíritu Santo, porque sabe que los tiempos no son fáciles y le necesitaremos para que nos fortalezca a la hora del testimonio (Ac 1,8). Esta promesa se ha hecho realidad.

Cantad con fe y decid: ¡Dios está aquí!, con nosotros. No es bueno quedarse mirando arriba, que hay que caminar, por eso, la exhortación imperativa de Jesucristo a ponernos en marcha. Comienza otra etapa, otra prueba para la fe, pero con más signos, con más confianza. Los apóstoles conocían las maneras de actuar del Señor, las enseñanzas y la Palabra que predicó; les era notorio lo vivido cerca del Maestro, la exquisita obediencia al Padre, su auténtica y constante oración; también sabían de persecuciones, de su admirable humildad; habían sido testigos de los acontecimientos de dolor y muerte en cruz y, sobre todo, podían certificar que lo habían visto Resucitado. Comienzan tiempos nuevos y nos toca a nosotros ahora seguir abriendo nuevos surcos, esparcir la semilla de la Palabra de Dios a todas las gentes. ¡Despertemos del sueño, que somos portadores, nos da seguridad, garantía y confianza de que estamos en la verdad!

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