Reflexiones semanales
12 de abril 2020

¡Cristo ha vencido a la muerte!

Domingo de Resurreción

Hemos seguido los pasos de Jesús que, con absoluta conciencia y libertad y con un deseo inquebrantable de amar hasta el extremo, se encaminó hacia Jerusalén. Durante esta especial Semana Santa, vivida en casa y rodeados de la familia hemos sido testigos también de que la profecía de Isaías se ha cumplido en Jesús, en el Siervo de Yahveh. Nunca la Palabra de Dios ha resonado de manera tal especial como en este año de clausura. Entre las paredes de nuestros hogares hemos seguido el repentino arresto y de los acontecimientos de la Pasión de Nuestro Señor, que le llevaron rápidamente a la muerte.

La resurrección de Cristo es la verdad culminante de nuestra fe. Cruz y resurrección son el centro de nuestra atención y el núcleo fuerte de la predicación de los discípulos, que pasaron por dudas y se alejaron, pero la fuerza del encuentro con el Resucitado aumentó el coraje de la predicación. Su fe en la resurrección nació bajo la acción de la gracia divina, de su experiencia directa de la realidad del encuentro con Jesús Resucitado. La Resurrección de Cristo ha dado cumplimiento a todas las promesas hechas por Dios a nuestros antiguos padres y ha confirmado la divinidad de Jesús. Porque Cristo ha vencido a la muerte y nos ha hecho partícipes de su victoria somos personas de gran esperanza y se nos asegura que, “al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos... así también nosotros vivamos una nueva vida”. Este es también nuestro misterio pascual: como bautizados estamos incorporados a la pasión, muerte y resurrección de Jesús. A la luz de este misterio queda iluminada la vida y la muerte, el sufrimiento y la alegría. Su misterio es nuestro misterio. Hemos sido convertidos en hermanos de Jesús: hermanos no por naturaleza, sino por gracia, hijos de Dios, partícipes de la vida divina de Jesús. Es, finalmente, su resurrección el principio y la fuente de nuestra resurrección futura. (Catecismo de la Iglesia Católica 638-655).

¡Que renazca la alegría! ¡Dejemos el negro pasado lleno de tinieblas y nubarrones oscuros! Que la Pascua es tiempo de gozo por el regalo de la esperanza que nos hace Dios a todas las personas, son días de mucha alegría por el triunfo de Jesús sobre el pecado y sobre la muerte. Pedimos al Señor que la gracia que nos obtuvo la resurrección de Cristo nos configure con Él, buscando con empeño ser realmente santos, de tener afán de buscar las cosas del cielo de manera habitual. No es Cristo una figura que pasó. No es un recuerdo que se pierde en la historia: ¡Vive! "Jesus Christus heri et hodie: ipse et in saecula!" -dice san Pablo- "¡Jesucristo ayer y hoy y siempre!".  En estos días escucharemos en la Palabra de Dios la importancia del encuentro con el Resucitado y las consecuencias que tiene para nuestra vida cristiana, la fuerza renovadora que nos hará irreconocibles para el mundo y muy conocidos para Dios. Con la experiencia de la resurrección de Jesús caminaremos hacia un estilo de vida singular, el estilo de vida de Cristo, el del hombre nuevo: “Resucitados con Cristo buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios” (Col 3,1ss).

Os recomiendo encarecidamente no perder la gracia y la alegría de la resurrección y proteged vuestra fe con una seria formación. ¡Feliz Pascua de Resurrección!

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