Reflexiones semanales
14 de mayo 2017

Creer en Jesús es confiar

VI domingo de Pascua

Estamos en la Pascua, en este tiempo de gracia que nos ha regalado el Señor para que experimentemos su fuerza y su poder al vencer la muerte y, también, para que gustemos los frutos de su resurrección: Cristo es ahora la piedra viva y preciosa sobre la que estaremos edificados si nos adherimos a Él para formar un único templo espiritual en el que mora Dios. El salmo que proclamaremos en la Palabra de Dios nos anima a aclamar al Señor, a tocar en su honor y a dar gracias, porque esto es lo propio del que ha tenido el gran honor de sentirse tan cerca de Cristo Resucitado. Por esta razón, con el profeta, se te pide la valentía para evangelizar: “Súbete a lo alto del monte, alegre mensajero…; clama con voz poderosa, mensajero…, clama sin miedo y dile a la ciudad: Ahí está vuestro Dios” (Is 40,9). ¡Vamos, mensajero, llama la atención de todos y que vean que las tareas y las preocupaciones del día se marchitarán y se secarán como la hierba, pero la Palabra de nuestro Dios permanece para siempre! ¡Dile a todos que Dios da vigor al cansado y al que no tiene fuerzas la energía le acrecienta! ¡Que abran sus ojos al Señor Jesús, a la Luz que amanece e ilumina el día! ¡Que escuchen la gran noticia de la victoria de Cristo sobre la muerte! Que no tiemble vuestro corazón, que Jesús se presenta como amigo y sus palabras ahuyentan las inquietudes y los temores, da seguridad y descanso al alma. El que se fíe de Él nunca quedará defraudado. El Señor se ha hecho camino y su camino es rectilíneo, lleva necesariamente a la Vida; no lo destruirá la lluvia o los elementos de la naturaleza; no lo asaltarán los ladrones, ni aparecerán señales equivocadas o falsas. Por medio de Jesús andarás seguro, sin tropiezos; no desearás mirar atrás, pensando en lo que dejaste; caminarás con confianza, “no perdáis la calma, creed en Dios y creed en mí…”.

La Palabra nos está invitando a potenciar la fe, una fe más grande, no sólo en el Padre, sino también en Él, que es el Hijo amado de Dios y su unión con el Padre es perfecta, hasta el punto de que quien le ve a Él ve al Padre. Conocer a Jesús es conocer al Padre. El Hijo eterno de Dios es esencialmente, sustancialmente, la imagen del Padre celestial; es como Él, tiene sus rasgos fundamentales. Las obras que hace Jesús reflejan lo que es el Padre Celestial, su misericordia, su bondad, su fidelidad… nos hablan del Padre. Así de contundente lo expresa el Evangelio de San Juan: “Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí” (Jn 14,11).

Jesús se manifiesta como camino, verdad y vida y se entrega a nosotros a fin de que podamos alcanzar la verdadera y plena libertad de los hijos de Dios. Conocer a Jesús significa experimentarlo interiormente, amarle con el corazón y fiarte de Él, escucharle con docilidad y reconocer que es el Hijo enviado por el Padre para salvarnos. La fe te acerca a Jesús con una confianza admirable, como lo demuestran los personajes del Nuevo Testamento que no dudaron en buscarle, seguirle y anunciarle. Todo es posible para el que cree. Creer es confiar, acoger, dar crédito, encontrarse con el Señor y descansar en Él. ¡Menuda aventura nos plantea el Señor! Es una aventura de felicidad, porque no vamos a estar solos, viene en nuestra ayuda el Espíritu Santo, que nos da la fuerza y el vigor para caminar hacia Dios seguros, porque Él nos acompaña. Feliz domingo.

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