Reflexiones semanales
22 de enero 2017

Conversión y discipulado

III domingo del Tiempo Ordinario

De la mano del evangelista San Mateo seguimos la estela de Jesús al comienzo de su vida pública por Galilea. Es interesante prestar atención porque estamos en los primeros pasos de la predicación del Reino, en el anuncio de la Palabra y en la decisión de llamar a los que serán sus discípulos. Ante el hecho de la predicación, lo normal es que se escuche, que se esté atento y con los oídos abiertos, porque Dios sigue hablando al corazón. Por otra parte, Dios espera siempre nuestra respuesta y ya sabéis lo que nos dice el Evangelio: que quien escucha la Palabra de Dios y no la lleva a la práctica se parece a un hombre necio. Deja que la voz de Dios cale dentro de ti, para después tomar postura. La Palabra requiere un discernimiento, descubrir lo que debes hacer. La respuesta es importantísima para la conversión. En el Evangelio de este domingo se dice que comenzó Jesús a predicar diciendo: “Convertíos, porque está cerca el Reino de los Cielos” y luego iba invitando a seguirle…

San Mateo resalta en su Evangelio las líneas esenciales de la vida de Jesús con mucho amor, con un trabajo elaborado y exquisito, pero pidiéndonos una respuesta urgente: la conversión y la fe. Jesús pasa todos los días cerca de ti y te llama, hace que su llamada sea eficaz por la gracia que comunica a los que le escuchan. “Venid y seguidme”, oyeron Pedro y Andrés, y su respuesta –dice el evangelista– fue contundente, lo dejaron todo y le siguieron. Estamos ante un hecho genial, inconmensurable y hermoso: Dios se comunica realmente con nosotros por medio de la Palabra. Tener la posibilidad de escuchar a Dios ya es grande, pero más importante es la entrega generosa a su proyecto, cuando sabes desde el principio que implica una renuncia. En el caso de estos dos pescadores, se les pide dejar todo lo que tienen: la barca, las redes, a su familia… dejarlo todo. Jesús les pide una renuncia inmediata… y lo hacen. Dejan atrás su propia vida y le siguen. Te quedas sin palabras ante una experiencia de este calado, pero te das cuenta que esta historia se repite muchísimas veces en tantísimas personas que han dejado todo por seguir a Jesús. La Palabra de Dios, si entra al corazón de verdad, se hace irresistible, porque abre para ti infinitas posibilidades de esperanza y alegría.

El caso es que nos debemos tomar muy en serio nuestra realidad de hijos de Dios y prepararnos con fidelidad. Señalo algunos aspectos de las lecturas de este domingo que nos servirán para la reflexión personal y para la oración. Tanto en la Primera lectura, como en el Evangelio se destaca la potencia liberadora de presencia de Jesús, que salva y abre muchos caminos de esperanza y de vida para su pueblo. Jesús es la Luz que ilumina nuestra realidad y nos denuncia nuestros pecados, las sendas torcidas, las noches oscuras, la mediocridad y el gusto por la comodidad… El Señor nos abre infinitas posibilidades para la santidad y sólo nos pide una sincera respuesta, un giro de vida: la conversión, que nace como necesidad, porque cuando te has decidido por la Luz, gozas de mejor criterio para la decisión. Otro tema es el del seguimiento, Jesús llama a seguirle y nos incorpora a su tarea evangelizadora. Esto es un regalo, un gesto de mucha confianza en nosotros, aunque ya sabes que antes hay que convertirse. Dios os conceda la sabiduría de escuchar su Palabra con corazón dócil.

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