Reflexiones semanales
9 de septiembre 2018

¡Ánimo, no temáis!, mirad a vuestro Dios

XXIII domingo del Tiempo Ordinario

Un saludo muy especial a todos los que semana a semana os acercáis a esta página. Os deseamos una fructuosa vuelta a la vida ordinaria, después de unas merecidas vacaciones. La liturgia del domingo os espera con mensajes de ánimo y de confianza en la fuerza y en el poder de Dios, que siempre está dispuesto a ayudarnos. En la primera lectura del profeta Isaías y en el Evangelio se expresa la esperanza bajo la forma de curaciones completas de las enfermedades: los ciegos ven, los sordos oyen, los cojos andan y saltan, los mudos pueden hablar; pero también se beneficia la naturaleza de estos signos, porque se dice que los desiertos reciben el riego abundante y la tierra árida da frutos a la sazón… Este es el fruto de la fuerza y de la presencia de Dios, las consecuencias de la promesa para los tiempos mesiánicos. El anuncio de los profetas se cumple en nuestros días, cosa que cada domingo nos señala la liturgia, porque el Evangelio suele mostrar las promesas cumplidas en Jesucristo. Con un signo, con una palabra, Cristo manifiesta la grandeza y poder de Dios, curando, sanando y devolviendo la esperanza. Estos signos o gestos de Jesús preparan a la persona para la curación, pero van más allá de la salud, porque lo que da a entender es que Él es el enviado, el Mesías anunciado por los profetas.

A Jesús le vendrán los problemas de la incomprensión de la gente, incluso de la persecución, pero ¿no es grande saber que un sordo puede, por la intervención de Él, escuchar la Palabra de Dios? El Señor hace los signos tanto a creyentes como a paganos, el evangelista lo deja claro, porque no alude a la fe del que recibe el milagro. Jesús se dirige al necesitado, al que en ese momento le llama con fuerza. Es común en estos casos, que el Señor pida reserva, que no lo diga a nadie o, como en este caso, se aparte de la gente. Lo que quiere el Señor es que la persona vea la mano misericordiosa de Dios, que la sienta en su corazón con admiración, pero no entretener a los curiosos, para no devaluar el misterio del amor de Dios.

Tenemos que dar gracias a Dios por el gran regalo de la fe, una fe que tendremos que ir actualizando, para hacerla nuestra y para vivirla dando testimonio de ella a un mundo cada vez más necesitado de conocer el bello rostro de Jesucristo. El Señor nos está enseñando a valorar el don del amor ya, que no es sólo un “mandamiento”, sino la respuesta al amor que Dios nos da. Lo importante es que tengas la experiencia de haberte encontrado con Cristo, como los discípulos de Emaús, que como fruto de este acontecimiento comenzaron a descubrir el sentido de todo. Por eso el Papa Francisco nos llama siempre a una vida transparente para con Dios; a sentir cómo late el corazón de Dios misericordioso dentro de tu ser, porque cuando te alejas te pierdes. Nuestra seguridad está en Cristo. El discípulo sabe que Jesús camina con él, porque habla con él, respira con él, trabaja con él y percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera.

Que Dios os bendiga en esta semana y aprovechad para encontraros con Él en el silencio de la oración. Feliz domingo.

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