20 de octubre 2017

“Es precioso ser el primero que le habla de Jesús a una persona que no conoce absolutamente nada”, Pascual Saorín, misionero en Japón

XXX viernes del Tiempo Ordinario

Este próximo domingo celebramos la Jornada Mundial de las Misiones, el DOMUND. Un día en el que la Iglesia nos invita a orar y colaborar económicamente con nuestros misioneros. De la Diócesis de Cartagena hay 134 trabajando en diferentes países, hombres y mujeres; son sacerdotes, religiosos y religiosas y también laicos. Hoy conocemos el testimonio de Pascual Saorín, sacerdote diocesano, que lleva 15 años en Japón. Estos dos últimos años dejó su trabajo en el país nipón para preparar su tesina que presentó hace unas semanas, sobre la misión y la pastoral en Japón. Aprovechando su estancia en España hemos hablado con él:

- Cuando pensamos en las misiones nos viene siempre a la mente aquellas que están en países con dificultades económicas, con altos índices de pobreza y de marginación, pero esto no ocurre en Japón. ¿Cómo es la misión allí?

Bueno, Japón es una misión muy especial porque rompe el sentido de misión que habitualmente hemos tenido en España. Es uno de los países más industrializados, es una potencia mundial, pero tiene otras pobrezas, la pobreza de una sociedad rota, la pobreza de una familia que prácticamente no existe, la pobreza de un mundo urbano antinatural donde la gente pierde sus raíces, una pobreza afectiva de las relaciones, un vivir para trabajar. Entonces ahí nosotros tenemos mucho que aportar, aportar un sentido de la vida, un sentido de la familia. Y luego tenemos que aprender mucho, tenemos que aprender mucho de culturas que son más antiguas que el cristianismo, las culturas asiáticas. La Iglesia debe de aprender a descalzarse, como hacen ellos, se descalzan cuando entran en casa. Descalzarse es un signo de humildad, también es muy bíblico como Moisés que se descalza ante Dios. Entonces es “un toma y daca”. Es un tratar de transmitirles a ellos la experiencia cristiana de liberación, de libertad, de comunión, de familia, y recibir de ellos también la parte que el Espíritu Santo les ha dado y que nosotros a lo mejor no vemos porque somos una cultura demasiado occidental, demasiado racionalista, cientificista. Y ellos quizás valoran más lo emocional, lo afectivo.

- ¿Es el único misionero de nuestra Diócesis en Japón?

 Por desgracia no solamente soy el único misionero diocesano porque hay jesuitas murcianos en Japón, pero sacerdote diocesano soy el único no solamente en Japón sino en todo el continente asiático. Es una pena. Desde aquí hago un llamamiento no solamente a los sacerdotes, a mis hermanos sacerdotes, sino también a los seglares para que piensen que nosotros somos una Iglesia y el sentido de la Iglesia es la evangelización, es la misión, la Iglesia existe para evangelizar. Decía Pablo VI en el “Evangelii nuntiandi” que seamos generosos para recuperar nuestra fe, que para fomentar nuestra fe salgamos. Hacemos falta aquí pero para robustecer nuestra fe en nuestra tierra uno tiene que dejar su tierra; parece una contradicción pero es así, y lanzarse al mundo, sobre todo en mundos muy necesitados como es África.

- El delegado de Misiones, José Luis Bleda, hablaba hace unas semanas de la falta de relevo generacional en los misioneros de nuestra Diócesis. ¿Ocurre esto también en otras diócesis?

Bueno, hay una realidad. Las iglesias católicas tradicionales están en decadencia. Europa y Norteamérica. Son iglesias muy envejecidas, no solamente porque la gente joven no quiere saber nada de la religión, sino porque hay un problema demográfico. Somos países con un índice de natalidad muy bajo, somos civilizaciones muy envejecidas y, evidentemente, cuando la gente se hace mayor pues se va muriendo, nos morimos todos, y el relevo generacional es menor, porque hay menos niños y menos jóvenes. Entonces, eso repercute en la Iglesia, evidentemente. Sin embargo, la misión no desaparece. Están apareciendo misioneros nuevos de iglesias jóvenes y muy vitales. Concretamente, en Asia, iglesias que están surgiendo con un ímpetu impresionante, como la Iglesia coreana y la Iglesia vietnamita. Están teniendo vocaciones como en España hubo en los años 50. Es una eclosión, una efervescencia, una vitalidad. Eso sin nombrar a iglesias tradicionales asiáticas como la filipina que tiene una vitalidad muy grande, un nivel teológico muy fuerte. Otras iglesias minoritarias pero muy activas y con muchas vocaciones, por ejemplo, son las Indonesia, que también aporta muchas vocaciones, o Sry Lanka

- ¿Cómo es el día a día en la misión, el día a día de la Iglesia japonesa?

Bueno, pues depende de la parroquia donde estés. Básicamente la Iglesia celebra la Eucaristía por la mañana, aquí se suele hacer por la tarde. A la parroquia a la que yo voy ahora posiblemente tenga misa a las seis de la mañana, allí se levantan muy pronto y oscurece también pronto. Luego, tengo una guardería católica, con la formación de las profesoras que no son católicas, son todas budistas, pero entran dentro de la espiritualidad católica; la visita a los enfermos, eso es muy importante; y el trabajo del catecumenado, tanto con niños, que se hace los domingos, como los adultos que se acercan a la iglesia bien para estudiar Biblia o bien porque quieren conocer el cristianismo o porque se están preparando para ser cristianos; es la parte más bonita porque es la oportunidad que tienes de entrar en un terreno virgen. Es precioso ser el primero que le habla de Jesús a una persona que no conoce absolutamente nada. El cristianismo es una religión europea para ellos. Hay niños que me han preguntado si Jesús era chico o chica… Hasta ese nivel. Tienen un desconocimiento tremendo del cristianismo, sobre todo los jóvenes. Saben lo que es un rosario porque ven a Beckham y a los líderes con los rosarios colgados, pero no saben lo que significa, piensan que es un adorno. Hay que hablarles relatando, contando parábolas como Jesús, no con doctrinas. Aquí en Europa, en occidente, hemos hablado tanto de catecismo, de doctrinas, que se nos ha olvidado hablar como Jesús hablaba. Jesús no hablaba con doctrinas, hablaba con parábolas, contaba historias, contaba cuentos, y daba respuesta a los problemas de la gente con cuentos. Luego vendrían ya los teólogos, que sí hay que hacerlo, hay que poner negro sobre blanco, hay que reflexionar. Tenemos una cabeza que Dios nos ha dado para hacer Teología. Pero eso viene luego, lo primero es dar respuesta a los problemas de la gente, y como antes se hacía: contando cuentos. Pues, ese aprender a relatar, que es relacionarse, con las personas en Japón es una experiencia única.

- Aunque ya lleva mucho tiempo fuera, ¿qué es lo que más echa de menos de su Diócesis, de la Región de Murcia, de su Cieza natal?

Lo que más se echa de menos es la familia. Por la llamada telefónica ya sabes por la voz si tu padre o tu madre están bien, si los sobrinos tienen algún problema. Claro, lo que más te duele es la familia. Los amigos, sobre todo cuando hay alguna catástrofe, algún accidente o fallecimiento, algún problema de salud, y tú estás lejos y no es tan fácil coger el teléfono por el cambio horario. Vivir desde la lejanía cuestiones muy importantes de tu Iglesia te hace sentirte un poco como traidor, pensar yo tendría que estar allí y estás lejos. Eso se echa mucho de menos. Luego el tema de la comida pues también, pero menos porque van habiendo restaurantes españoles también en Japón y alguna escapada se hace. Yo siempre tengo un ‘botiquín’ en casa donde no falta nunca el jamón serrano, que compro en un delicatesen, y el vino de Jumilla. Que me perdonen los de Bullas y los de Yecla, que también está buenísimo y también lo bebo, pero como tengo muchos amigos en Jumilla… mi vínico de Jumilla está en la despensa por si hay una necesidad urgente de tener algún aroma español.

- Por lo que nos comentaba antes, quizás el dinero no es una de las necesidades principales de nuestro misionero en Japón, ¿qué es lo que más necesita?

Bueno, lo primero ya lo tengo pero quisiera más, es la oración. Tengo dos conventos de clausura que para mí son mis dos pies. Uno son las clarisas de Cieza y otras son las Carmelitas de la Fuensanta a las que he conocido últimamente, estuve un retiro con ellas y la verdad es que sé, me consta, que ambas comunidades rezan todos los días por mí. En los momentos de más dificultad, de más soledad, de más agobio, saber que hay unas comunidades en tu tierra, no solamente tu familia, tus amigos, sino unas religiosas que están rezando por ti, con tu nombre, eso a mí me da una fuerza impresionante, es la comunión de los santos ciertamente. Bueno, pues no me hace falta dinero, no me hace falta apoyo económico ni material, eso lo pueden dar a otras misiones, lo que me hace falta es un apoyo espiritual.

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