23 de marzo 2018

Patricia Ayllón Saura profesa en las Hermanas Apostólicas de Cristo Crucificado

VI viernes de Cuaresma

La capilla de la casa madre de la congregación, en Santo Ángel (Murcia) acogió la profesión de esta joven de 25 años el día de San José.

En la capilla de la casa madre de la congregación de Hermanas Apostólicas de Cristo Crucificado el pasado lunes, solemnidad de San José, tuvo lugar la primera profesión de Patricia Ayllón Saura, natural de El Palmar. Tras dos años de postulantado y dos de noviciado, la hermana Patricia hizo su primera profesión temporal que irá renovando año tras año hasta la profesión perpetua -esta tiene lugar, según el Derecho Canónico, entre un mínimo de cinco años y un máximo de nueve, según el proceso de cada religiosa-.

Después de un tiempo de discernimiento, formación y conocimiento del carisma de la congregación fundada, hace casi ochenta años, por la Venerable Madre María Séiquer Gayá y Madre Amalia Martín de la Escalera, Patricia dio su sí al Señor acompañada por numerosas hermanas de la congregación, religiosas de otras congregaciones, sus familiares y amigos, en una celebración presidida por el sacerdote diocesano Jesús Sánchez García, formador del Seminario Menor de San José.

Patricia respondió "aquí estoy Señor porque me has llamado" a la apelación de la maestra de novicias, la hermana Cristina Pastor López. Tras la homilía y ante la hermana Alicia Plaza Mazón, superiora general de la congregación, respondió a las preguntas del escrutinio y pronunció la fórmula de consagración, quedando su vida unida de un modo singular a Cristo Crucificado.

Se inicia para ella una nueva etapa donde tendrá ocasión de llevar el amor de Dios a los niños, enfermos y pobres como era el deseo de Madre María y Madre Amalia.

Una vocación buscada

"En mi vida Dios siempre ha estado muy presente y poco a poco fui descubriendo que esto es lo que Dios quería para mí", asegura la hermana Patricia, emocionada tras su profesión. Entre risas, cuenta que hubo algo que le hizo plantearse su vocación: "yo buscaba mucho en internet (temas relacionados con el ser religiosa) y de tanto mirar llegué a pensar que el Señor me estaba pidiendo algo". A través de su párroco, Antonio Guardiola, y otras personas, fue conociendo distintas realidades dentro y fuera de la Diócesis de Cartagena, hasta que se dio cuenta de que las Hermanas Apostólicas de Cristo Crucificado era el lugar donde estaba llamada a vivir su vocación.

En su parroquia, La Purísima de El Palmar, estaba muy involucrada, sobre todo con la Acción Católica General, con los niños y jóvenes, a nivel diocesano y nacional. Hasta que en abril de 2014 entró en la congregación. Según ella misma relata, el tiempo más fuerte ha sido el del noviciado. El juniorado, que es como se llama este tiempo tras la profesión, también es un tiempo de estudio, reflexión y misión. De momento se queda en Murcia hasta final de curso, en la Casa de Ejercicios de Villa Pilar (Santo Ángel), ya que está realizando estudios de Teología, además es Terapeuta Ocupacional.

En la congregación ha tenido muchas experiencias, pues al terminar el postulantado estuvo un tiempo de misión en África, en Mozambique, en la casa que allí tiene la congregación; y antes de profesar, también ha hecho otra experiencia más relacionada con el carisma y el trabajo propio de las hermanas en zonas rurales, en un pueblo pequeño de Cáceres.

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