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sábado 16 de septiembre 2017

¿Por qué me llamáis «Señor, Señor», y no hacéis lo que digo?

XXV sábado del Tiempo Ordinario
- 1 Tim 1, 15-17. Vino al mundo para salvar a los pecadores.
- Sal 112. Bendito sea el nombre del Señor por siempre.
- Lc 6, 43-49. ¿Por qué me llamáis «Señor, Señor», y no hacéis lo que digo?


Pues no hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno; por ello, cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos. El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca. ¿Por qué me llamáis “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo?

Todo el que viene a mí, escucha mis palabras y las pone en práctica, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificó una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo derribarla, porque estaba sólidamente construida. El que escucha y no pone en práctica se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y enseguida se derrumbó desplomándose, y fue grande la ruina de aquella casa».