9 de marzo 2016

“La misericordia de Dios, su actuación en mi vida, me permite servir al otro”

IV miércoles de Cuaresma
Testimonio vocacional de David Flor de Lis González, Seminario Diocesano Internacional y Misionero Redemptoris Mater.
Me llamo David, tengo 21 años, natural de Alicante y soy el octavo de doce hermanos –¡sí, una docena!-. Soy seminarista del Seminario Diocesano Internacional y Misionero Redemptoris Mater de esta la Diócesis de Cartagena y pertenezco al Camino Neocatecumenal.
Para empezar a hablar de mi vocación, debo decir que yo pensaba que ser cura no era para mí, que yo no serviría para eso, me imponía el pensar que debía vivir en celibato toda la vida… Pero el día de Pentecostés de 2010, fui a jugar a fútbol con unos amigos y hablando con un chico que conocía y que estaba allí, salieron temas de la Iglesia, y llegó un momento en que me preguntó –no sé cómo le hablaría yo- que si iba a ser cura y yo, sin pensarlo, le dije que ¡sí…! Fue tan grande mi asombro, que volví a mi casa y abrí un Evangelio al azar, y me salió el de las bodas a las que no van los invitados y el novio les dice: “Id a los caminos, a las esquinas de las plazas y decid a todo el mundo que venga”. Y pensé: “¡Madre mía! que esto va en serio”.
Al día siguiente fui a hablar con mi párroco y me dijo que estuviese tranquilo, que esas cosas hay que reflexionarlas bien… Más tarde, durante una convivencia con mi comunidad Neocatecumenal, estuve escrutando las Escrituras e hice una oración en la que le pedí a Dios que me iluminase para saber si esa era su voluntad… De nuevo me conmovió el pasaje de otras bodas, las de Caná, en la que la Virgen dice a los criados: “Haced lo que él os diga”… y cerré la Biblia… Al día siguiente, cuando pidieron vocaciones para el presbiterado, yo me ofrecí.
Al año siguiente fui a en Düsseldorf, a un encuentro preparatorio para la JMJ de Madrid, con Kiko Argüello, y escuchando la predicación, veía que yo quería eso para mi vida, poder ser partícipe de la misión, y cuando pidieron vocaciones, me levanté.
Más tarde, en la JMJ, después del encuentro con el Papa Benedicto XVI, vi reafirmada esa vocación, ya que me ayudó muchísimo a poder ponerme disponible para hacer lo que Dios quisiera de mí. Un mes más tarde ya comencé el pre-vocacional, un tiempo que me ayudó mucho a confirmar la llamada.
Después de dos años me invitaron a ir a una convivencia vocacional en Italia. Durante todo ese tiempo tuve combates muy serios, porque yo me resistía en el fondo a la idea de ser sacerdote. Intenté varias veces empezar una relación con alguna chica, aprovechando que estaba todavía en Bachiller. Pero en junio de 2013, cuando pensaba que todavía tenía un año por delante para acabar la selectividad, y más bien buscaba una excusa para escapar de la llamada –pensaba que aún podría encontrar alguna chica-, para mi asombro, en otro encuentro con Kiko en Murcia vi que el Señor me seguía llamando y al día siguiente, con la ayuda de mis padres, decidí ir a la convivencia vocacional de Italia, aunque se casaba un hermano.
Y allí entré en este Seminario de Murcia. Ahora estoy en este tiempo para conocerme, viendo cada día que Dios actúa, que Él manifiesta su poder en mi debilidad. Y, aunque yo sea incapaz de amar al otro, la misericordia de Dios, su actuación en mi vida, me permite servir al otro, cuando yo he sido siempre incapaz de ello. Veo que el Seminario y la Comunidad me ayudan a entrar en la voluntad de Dios; a madurar a pesar de mi actitud infantil; a poder, en la medida que Dios me lo concede, entrar un poco en el sufrimiento; a no buscarme a mí mismo; en definitiva, a ver cómo Dios puede sacar provecho de lo que no vale.
Por último, doy gracias a Dios, que me concede amar esta vocación a la que Él me ha llamado, y en la que estoy siendo acompañado por la Iglesia. Pido la intercesión de la Santísima Virgen María, Madre de Jesús y Madre Nuestra.
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