3 de abril 2020

La Iglesia sigue estando en el último adiós

VI viernes de Cuaresma

Pedro José González es el párroco de San Francisco Javier en el barrio de Los Barreros de Cartagena y también es capellán en los tanatorios de la ciudad. En esta situación pandémica, la Iglesia a través de sus sacerdotes es, a veces, la única que está presente en la despedida de quienes mueren estos días.

Debido a la evolución de la crisis sanitaria ocasionada por el Covid-19 en España y con el aumento de fallecidos por esta enfermedad, la Orden SND/298/2020, de 29 de marzo establece medidas excepcionales en relación a los velatorios y ceremonias fúnebres para limitar la propagación y el contagio del virus. Una de estas medidas es la prohibición de los velatorios, tanto en instalaciones públicas como privadas, con la restricción de otras ceremonias fúnebres con independencia de la causa del fallecimiento. Publicada en el Boletín Oficial del Estado el 30 de marzo, esta orden recoge en su punto quinto que este tipo de celebraciones “se pospondrán hasta la finalización del estado de alarma” y contempla la posibilidad de participación en la comitiva para el enterramiento de hasta tres familiares o allegados, además del ministro de culto para la práctica de los ritos funerarios de despedida del difunto, guardando siempre la distancia de seguridad establecida entre los asistentes.

Ante estas circunstancias, con las que se han suprimido los pésames y donde los dolientes del difunto no pueden acompañar a la familia, la presencia de la Iglesia se está notando a través de los capellanes de los tanatorios y hospitales. Pedro José González destaca que “la Iglesia sigue estando y haciendo cercano el calor humano y fraterno para esas personas que hoy están sufriendo la pérdida de un familiar”. Explica también el sacerdote que, en estos momentos, “se está haciendo lo más importante, mostrando cercanía con el consuelo, con el calor humano que ahora mismo no sienten las familias”.

Pero en estos días, este capellán se ha enfrentado también a situaciones en las que, a la hora de celebrar las exequias, se ha encontrado solo con el difunto, como “en casos de personas que viven en residencias de ancianos, solteros o viudos sin hijos”. Esta es para González una “llamada de atención para nuestra sociedad” sobre cómo se está viviendo esta situación. “En estos momentos donde el ser humano desaparece, donde las personas no son capaces de hacerse presentes, la Iglesia sigue estando ahí, cerca de cada uno de sus hijos, de los que sufren y de los que mueren en soledad, para confortarlos y llevarles el consuelo”, explica el sacerdote.

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