2 de mayo 2020

Jesús Sacramentado bendice la Región de Murcia

IV sábado de Pascua

A las 19:00 horas comenzaba la oración ante el Santísimo Sacramento en la capilla de Santiago Apóstol del Palacio Episcopal, presidida por el obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes, para pedir a Dios por el final de la pandemia y por los enfermos y fallecidos por Covid-19, así como por todas las personas que a través de su trabajo o como voluntarios se han convertido en “los héroes de este tiempo”.

Después de un momento de oración, el obispo ha subido con el Santísimo Sacramento hasta la primera planta del Palacio Episcopal para, desde los balcones que dan la Glorieta de España y a la plaza del Cardenal Belluga, impartir la bendición a toda la Región de Murcia.

Oración del obispo de Cartagena ante el Santísimo Sacramento:

Esta tarde miramos a Jesús con la fe y devoción, con la alegría y el gozo de los discípulos ante el Resucitado, porque Él está aquí, está en medio de todos nosotros y desde lo más hondo del corazón le decimos: ¡Gloria a ti, Señor!

 Jesús, míranos tú a nosotros esta tarde con ojos y corazón de Buen Pastor, porque sabemos que nos amas hasta el extremo, que has dado la vida por nosotros y que ninguno te es anónimo, ya que conoces hasta nuestros nombres.

Señor, hemos venido a pedirte que sanes nuestras heridas y las de toda la humanidad, sabes que estamos amenazados por esta plaga que ha traído desolación, enfermedad y muerte a todas las naciones. Acudimos a ti con la confianza de alcanzar tu bendición, recuerda la señal que diste a Moisés en el desierto, para que fuera la salvación de los israelitas. Por eso nos acercamos hoy a ti, Señor, porque has sido tú quien ha vencido la raíz del mal y de la muerte; te miramos a ti, porque tienes el poder de abrirnos los caminos a la esperanza, porque tú puedes deshacer todos los miedos y temores dándole paso a la luz, a una nueva primavera para la humanidad.

¿A quién vamos a acudir? Solo a ti, que te levantas para poner a salvo al humilde que se siente oprimido y oyes los gemidos del pobre que te grita desde el sufrimiento (cf. Sal, 12,6-7). Acudimos a ti, porque somos tus hijos, nacidos de la fuente del Bautismo. Señor, tú nos conoces, todas nuestras sendas te son familiares, escucha nuestras súplicas, que tú eres nuestro auxilio y concédenos tu gracia, porque nos refugiamos en ti.

 Que tus ojos se posen, otra vez más, en nuestra humanidad y que el viento suave de tu misericordia recorra las cumbres de nuestras esperanzas para detenerse en nuestros hogares, donde crecen los niños y se despiertan los sueños de los jóvenes, donde maduran las sonrisas y suspiros de los abuelos y donde suenan los instrumentos de la mayor orquesta del mundo en los corazones de todos los padres y madres, que interpretan las partituras que tú les diste para cuidar de sus hijos.

 Con el papa Francisco, estoy pensando en los que han sido afectados directamente por el coronavirus: los enfermos, los que han fallecido y las familias que lloran por la muerte de sus seres queridos, y que en algunos casos ni siquiera han podido darles el último adiós. Acoge en tu seno a los difuntos y sé consuelo y esperanza para las familias y para los ancianos.

Ten en cuenta a todos los héroes de este tiempo: a los médicos, enfermeros, los que llevan ambulancias, celadores; también a los farmacéuticos. Dales inteligencia y luz a los científicos e investigadores. Escucha nuestras oraciones por todos los que han tenido servicios esenciales de protección y de ayuda: a todos los miembros de los cuerpos de seguridad del Estado; a militares, Policía Nacional, Guardia Civil y Policía Local, nuestra gratitud. Te rogamos por los que tienen responsabilidades de tipo político, para que se olviden de protagonismos personales y busquen solo el interés y bienestar de todos los ciudadanos. Recuerda a todos los que han llevado a cabo labores esenciales para nuestro sostenimiento: transportistas, repartidores, panaderos, hombres y mujeres de los medios de comunicación, agricultores y ganaderos; a los sacerdotes y voluntarios; y un largo etc.

 Necesitamos una Buena Noticia, no solo la vacuna, sino la gracia que nos ha traído tu resurrección: la fe, la confianza y la alegría. ¡Confiamos solo en ti, en tu mirada que nos purifica y en tu misericordia que nos sana!

 Intercedemos ante ti, por medio de la Santísima Virgen María, a la que nos encomendamos bajo la advocación de La Fuensanta, porque siempre escuchas a tu Madre. Bendice al papa Francisco y a esta milenaria Diócesis de Cartagena, bendice a la Región de Murcia y a toda la humanidad.

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