27 de marzo 2017

Dos murcianos, entre los beatos mártires de Almería

IV lunes de Cuaresma

Francisco de Haro Martínez y Vicente Monserrat Millán han sido reconocidos por la Iglesia como beatos mártires, en una celebración que tenía lugar el pasado sábado 25 de marzo en la Diócesis de Almería. Su beatificación se encuentra dentro de una causa en la que hay en total 115 mártires de la persecución religiosa del siglo XX, que fueron elevados a los altares en una ceremonia presidida por el Cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, en representación del Papa Francisco.

Más de 5.000 personas llenaban el palacio de congresos de Aguadulce, en Roquetas de Mar, en el que tuvo lugar la celebración de beatificación del Deán José Álvarez-Benavides y de la Torre y 114 compañeros mártires de Cristo. Varios cardenales y 20 obispos asistieron a la celebración, en la que estuvo el Obispo de la Diócesis de Cartagena, así como varios sacerdotes diocesanos y grupos de fieles de Lorca y Mazarrón, localidades de origen de los nuevos beatos murcianos.

“El ejemplo de los mártires nos conmueve y el ejemplo de su fe nos estimula; y quisiéramos aprender de ellos que nada se ha de anteponer a Dios, porque sin él todo pierde su verdad y genuino valor”, señaló el Obispo de Almería, Mons. Adolfo González Montes, al finalizar la beatificación. “Hoy la Iglesia los presenta como ejemplo altísimo de amor generoso y perdón que reconcilia y aúna, congregando a cuantos se sienten no sólo impactados, sino atraídos por el valor y la fuerza humanizadora que tiene su testimonio en favor de la verdad hasta la muerte”.

El relicario de los mártires presidió el altar en el que se celebró la Eucaristía. Durante el acto se descubrió una pintura, de grandes dimensiones, que representa a los nuevos 115 beatos. Entre ellos se encuentra la Beata Emilia Fernández “la canastera”, la primera mujer de etnia gitana que sube a los altares.

Tras esta beatificación son 1.699 los beatos mártires reconocidos por la Iglesia, de la persecución religiosa del siglo XX.

Francisco de Haro Martínez

El siervo de Dios Francisco de Haro Martínez nació el 28 de noviembre de 1886 en Mazarrón, donde dos días después fue bautizado en la parroquia de San Antonio de Padua. A los once años ingresó en el Seminario de Murcia para estudiar latín. Tras tres años se trasladó al Seminario de Barcelona, donde estuvo un año estudiando, y posteriormente se trasladó al Seminario Conciliar de San Indalecio de Almería donde terminó sus estudios.

El 4 de agosto de 1912 fue ordenado sacerdote en la Catedral de Almería, donde sirvió durante once años. También fue capellán de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados; de las Hermanitas de los Pobres; prefecto de Disciplina del Sínodo Diocesano de 1929, año en que fue nombrado vicesecretario de la Asociación de la Buena Prensa.

En los primeros días de la sublevación militar de la Guerra Civil fue detenido en la casa en la que vivía con su madre. El siervo de Dios Francisco Roda Rodríguez decía de él que “era una persona íntegra y en defensa de la Religión, en varias ocasiones se enfrentó en el Paseo del Príncipe con los integrantes de la horda roja, manifestando que cuanto más persiguieran la sotana, más se honraría en llevarla”. Su cadáver fue encontrado en el Pozo de la Lagarta, en Tabernas, con huellas de tortura. Tenía 50 años cuando fue martirizado. Sus restos fueron exhumados al terminar la contienda. Tras esto reposan en el mausoleo de los Mártires de Almería en el cementerio municipal.

Vicente Monserrat Millán

El siervo de Dios Vicente Monserrat Millán nació en Lorca el 6 de enero de 1904 y fue bautizado cuatro días después en la parroquia de San Mateo. Ingresó en el Seminario San Fulgencio de Murcia a los diez años, donde cursó Latín, Humanidades y Filosofía. Debido al trabajo de su padre, tuvo que trasladarse a Almería, donde continuaría sus estudios en el Seminario de allí.

El 2 de junio de 1928 fue ordenado sacerdote, pasando a ser coadjutor de Cantoria durante tres años. En 1931 se instaló en Huesca, para llevar la capellanía de Villanueva de Sigena.

El 1 de agosto de 1936 fue detenido, trasladado a La Almolda, en Zaragoza, y en el cementerio de este lugar, asesinado con diez disparos y una puñalada. Allí fue enterrado. Sus restos fueron exhumados y trasladados a Lorca el 3 de junio de 1939. Con motivo de su beatificación sus restos serán depositados, para que puedan recibir culto público, en la parroquia de San Mateo de Lorca, lugar desde donde nació a la fe y donde celebró su primera misa, concretamente serán colocados en la capilla de San Vicente, cuyo retablo encargó la madre de Vicente Monserrat en recuerdo a su hijo.

 

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