23 de mayo 2016

Corona de plata para la Virgen de la Soledad y de caridad para la Casa Cuna de la Anunciación

III lunes del II Tiempo Ordinario
Bajo un sol de justicia cientos de murcianos acudieron el domingo a la coronación canónica de la Virgen de la Soledad, de la Cofradía del Perdón de Murcia. Poco después de las 10 horas aparecía, por la calle Frenería, el Escuadrón de lanceros, clarines y timbaleros, como avanzadilla de lo que llegaría después: la corona de la Virgen, portada por las Hermanitas de la Anunciación de Sucina, a ellas, y en concreto, a la Casa Cuna que gestionan ha ido a parar la corona de caridad que se ha recaudado, con motivo de este acto. Tras ella, la protagonista de la jornada, la imagen de la Virgen de la Soledad.
Puntualmente comenzaba la Eucaristía, con unas palabras de exaltación a la Virgen por parte del presidente del Perdón, Diego Avilés. El Obispo de la Diócesis, que presidió la celebración, hizo referencia a la lluvia que el Lunes Santo impidió que esta cofradía pudiera sacar su procesión a la calle, en este año en que celebra su 120 aniversario. Así mismo, habló de la Virgen María como ejemplo de amor y servicio a los demás. Ella “cuida de nosotros, está pendiente de todos y cada uno de nosotros”, señalaba Mons. Lorca. Durante su homilía, el Obispo hizo hincapié en tenerla como modelo de vida y destacó: “Vosotros sois la corona de María, vosotros sois la mejor corona”.
Eran las 11:55 horas cuando la Virgen de la Soledad era coronada canónicamente. “Gracias Madre porque sigues siendo nuestra madre y nos sigues amando y queremos amarte mucho”, proclamaba emocionado el párroco de San Antolín, iglesia sede de la Cofradía del Perdón.
Al finalizar la Eucaristía, en la que participaron la Coral Discantus y la Orquesta Sinfónica de la UCAM, se entregaron varias distinciones a la Santísima Virgen de la Soledad. El Cabildo Superior de Cofradías de Murcia le otorgó la Medalla de Oro, máxima distinción de esta institución cofrade, y la Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón de la Alberca hizo le entrega de su Insignia de Oro y Brillantes.
Entre los asistentes, una mujer alzó la voz con un “¡Viva la Virgen de la Soledad. Guapa, guapa y guapa!”, que puso fin a una mañana de fiesta. El cortejo abandonó la plaza del Cardenal Belluga para volver a la parroquia de San Antolín, entre aplausos y con la marcha procesional Triunfal como himno.

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